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13.10.15
3º Festival de Cine Polaco _ Festivales

3º Festival de Cine Polaco: Carte Blanche

Filmar la ceguera parece una contradicción. ¿Cómo mostrar en imágenes una condición que las anula? Jacek Lusiński, el director de Carte Blanche, recurre a planos subjetivos cada vez más indescifrables, grisáceos y oscuros para registrar la gradual pérdida de visión, por un desperfecto genético, de un profesor de historia. Pero no pretende emular, digamos, el ingenio visual de Julian Schnabel en La Escafandra y la Mariposa, que simula la mirada de alguien que, tras una embolia masiva, solo puede mover su ojo izquierdo. Tampoco es tan experimental y hasta desagradable como Fernando Meirelles, que en su adaptación de la novela de José Saramago; ilumina el espacio negativo de cada encuadre con una enceguecedora luz blanca.

Carte Blanche es una propuesta más modesta. Emplea una estética convencional, salvo por algunas tomas que muestran el avance progresivo de la ceguera. Recuerda, en cambio, a otras historias sentimentales sobre docentes, como La Sociedad de los Poetas Muertos, Adiós Mr. Chips o Mr. Holland’s Opus. Kacper, el protagonista, teme perder su trabajo si sus colegas descubren su enfermedad. Entonces, intenta disimularla al memorizar los pasillos de la escuela y la disposición de las aulas, y agudizar su oído para captar los sonidos más sutiles. De esta manera, sin que nadie se entere de su situación, se gana la lealtad de sus alumnos, le encuentra otra sentido a la vida y hasta seduce a una profesora amiga. Pero siempre teme que su secreto, cuando ya no pueda camuflarlo, lo arruine todo.

Un ciego que quiere evitar que los demás vean que es ciego. La película trabaja siempre esta ironía, esta relación: por un lado, lo que oculta la actitud del docente; por otro, lo que borra su ceguera. Kacper, ¿cómo quiere ser visto al no poder ver? Al mismo tiempo, el lirismo con el que Lusiński retrata la ciudad polaca de Lublin sugiere otra pregunta: ¿en qué nos fijaríamos antes de perder la vista? La delicada belleza del sol que alumbra edificios antiguos. El rostro de una mujer hermosa. A medida que desaparece el mundo visible, el protagonista intenta retener sus últimos fulgores. La tonalidad amarillenta de la fotografía anuncia más que un atardecer. Carte Blanche no fue ni la mejor película del reciente festival polaco ni la más ambiciosa. Pero sí la más amable y reconfortante, a pesar de su tema.

calificacion_3

 

 

Guido Pellegrini

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