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01.05.15
BAFICI 2015 _ Festivales

BAFICI 2015 – Bonus Track: Las 5 Fantásticas

El Bafici sería como un romance de verano (intensísimo, fugaz, agotadoramente feliz), si no fuera que da revancha: varias de sus películas tendrán tarde o temprano su estreno, tanto en salas como en cable, o podrán ser conseguidas y disfrutadas online. Por eso sus balances tardíos (y hasta recordatorios) siguen teniendo sentido, más con un festival que pasa como un tsunami sobre las cabezas cinéfilas. Y por eso acá van mis cinco imprescindibles, que ojalá estén entre esos estrenos del año.

(NOTA: los siguientes textos son una leve variación o ampliación de posteos de Facebook realizados por el autor).

 

1. El Incendio, de Juan Schnitman

La mejor ficción argentina de género en varios años, y un retrato de un país y una sociedad (razonablemente) crispada que podría ser -aunque mucho más realista y menos manipuladora- una de las historias de Relatos Salvajes, y sería la mejor de todas. Pero por suerte es un largo, lo que le permite una profundidad, un in crescendo dramático, un verosímil y un desarrollo de personajes perfectos que la de Szifrón no posee. Pero tiene más, mucho más. Formalmente tiene mucho del mejor cine rumano, en especial de esa maravilla absoluta llamada Everyone in Our Family. A nivel contenido tiene una impronta fuertemente política pero sin hacer partidismo ni ponerse de un “lado” (o quedarse a medias, como la de Szifrón), y no parece haber podido ser hecha en otro país u otra época, lo cual la convierte en clave. Y tiene algo vital que el cine nacional (y de todas partes) raras veces toca: la intrincada relación (cda vez más compleja) entre el amor y el dinero. Por último tiene la actuación femenina del año.

Personalmente no veía algo así desde Buena Vida Delivery (menor en factura pero igual de admirable en logros y como representación de un estado de las cosas), y es el cine nacional que amo ver realizado cuando me harto del minimalismo vacío y for export de la FUC, los snobismos-aleja-público de los chicos bien con cámara exclusivos para la crítica, o las coproducciones con Darín. El Incendio está justo ahí en el medio, y todos deberían verla, y (lo cual es imposible no hacer) discutirla. Porque si hay algo que la película deja en claro es justamente eso: discutir (bien, mal, con inteligencia o violencia; con humor o sarcasmo, con o sin razón) es parte fundamental de eso que llamamos “ser argentino”. Lo fue siempre, y desde hace un par de añitos lo es más que nunca. Esencial.

 

2. Victoria, de Sebastian Schipper

Plano-secuencia, plano-película, plano-cine de 140 minutos, la alemana le pasa el trapo a Birdman y a cualquiera de esas “películas-proeza” por el simple motivo de lograr la doble proeza –la más difícil- de que nos olvidemos de tanto virtuosismo (incluso aunque nos parezca imposible) porque la historia (repleta de giros, matices y tonos) y los personajes siempre están por encima del lujo y la gambeta cinética. Quiero decirlo para que la vean: chica española en Berlín en fiesta electro se va y conoce a tres alemanes non sanctos pero copados que siguen de parranda; bardean un rato en esas horas en que el bardo es hermoso; divertido flirteo entre el alemán más lúcido y la gallega; las cosas se complican y la gallega debe acompañar a los alemanes en una “misión” bastante complicada. Y la cámara de la película sigue rodando, sigue mirando y viviendo al mismo tiempo que la nuestra. ¿Se acuerda del gol de Cambiasso contra Serbia y Montenegro en el Mundial 06? Bueno, algo así, pero con varios minutos (y toques) más. Demasiado.

 

3. The Kindergarten Teacher, de Nadav Lapid

Debo rendirme ante el israelí Nadav Lapid. Vi en otro Bafici su Policeman con demasiado recelo, y me encontré con un thriller setentoso de primera línea, que si bien su premio a mejor película fue bastante extraño para su “comercialitud”, no dejaba de premiar a una película que nada tenía que ver con Tropa de Elite y demás policíacas fachas, sino a una fuerte película de género que aunque transparente y cerrada en sí misma dejaba una zona gris (como nuestra El Estudiante, por ejemplo, o como las películas de Audiard), una franja de Gaza de sentido dentro de lo que su director entiende que es hoy esa entelequia llamada Israel. Todo esto último sucede en The Kindergarten Teacher, pero con varios pasos adelante. La irrupción de lo místico, de lo sublime, a través de un niño (la mejor actuación infantil que se verá en años) en un jardín de infantes que parece el Edén, pero que formará soldados, amas de casa sumisas o simplemente grises hombres de negocios. Una maestra con más de un fracaso que ve la posibilidad de sacar ventaja de esa belleza, o tal vez redimirse. El fanatismo por la “causa justa” puesta en primerísimo plano, con las contradicciones y consecuencias del caso. Hasta que, como en Policeman, irrumpa la violencia, una que siempre tiene que ver con la privación de la libertad y una ambigüedad moral que desafía al espectador. ¿Hay lugar para la poesía y la belleza en este mundo? No, o al menos no en el Israel de Lapid (lapidario). Y a la vez sí, por más duras que éstas sean: The Kindergarten Teacher es prueba de ello, en forma de hermosa paradoja.

 

4. A Pigeon sat on a Branch Reflecting on Existence, de Roy Andersson

Como Quino, Andersson utiliza una única viñeta con un sinfín de elementos para narrar una historia mínima y minimalista. Una que, luego de decodificada (por cualquiera, claro), nos habla del absurdo de la existencia en clave irónica, pero siempre con calidez. Aunque llamarlas viñetas es un tanto injusto: esos planos de profundidad de campo wellesiana, de un 3D innecesario, son películas autónomas estáticas y extáticas de una belleza única (o, parafraseando a Vincent Vega refiriéndose al bar Jack Rabbit Slims, “un museo de cera con pulso”).

Como el Anderson yanqui (Wes, no el maestro P.T.), el sueco tiene un estilo reconocible en un fotograma. Sólo que, como su primo lejano Kaurismaki, jamás nos cansa. La secuencia (de un plano, por supuesto) del bar de mala muerte y la entrada del rey Carlos XII y su caballería es sencillamente antológica. Al igual que este cierre de una trilogía que merece más reverencias que aquella pavada sobrevalorada de Kieslowski.

 

5. Bird People, de Pascale Ferran

¿Cómo no sentirse atraído por una película que muestra a un ejecutivo yanqui en crisis que decide, de un momento para otro y en pleno viaje de negocios, largar todo a la mierda (laburo, familia, país, todo) para intentar una forma de felicidad? ¿Cómo no enamorarse del todo cuando otro personaje se transforma, sin explicación alguna, en un hermoso gorrión que sobrevuela (y nosotros con él) un hotel y un aeropuerto parisino, en escenas aéreas más fascinantes que las de Superman? Y sí, spoileemos a lo loco, que la gente, el mundo, necesita ver más películas con ejecutivos que mandan todo a la mierda y gente que vuela como un gorrión. Esta fábula cuasi wildeana es de una belleza absoluta, y acierta al convertir lo fantástico, lo irreal y mágico, en algo casi humano y hasta reconocible. Por eso el volar de ese gorrión es como el vuelo de nuestros sueños: es indeciso, inexperto, y por ende de un albedrío que ni las mismas aves soñaron alguna vez. Si una película nos va a hablar de libertad, nada mejor que una película libre como pocas.

 

Leonardo Gutiérrez

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