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23.04.15
BAFICI 2015 _ Festivales

BAFICI 2015 -Día 8

Miércoles 21 de abril.

Quedan pocos días (de hecho, pocas horas) del BAFICI 2015. Horas de emociones cinéfilas… y también musicales.

El personalísimo y siempre atractivo jazz de Jaco Pastorius envolvió las salas a través del documental Jaco, que contó con presencias destacadas: Robert Trujillo, bajista de Metallica, fanático y productor del asunto, y Mary Pastorius, su hija. Pero el homenaje no se quedó en la pantalla grande: a las 19:30, en La Usina del Arte, hubo un recital a cargo de la banda de Javier Malosetti. Los principales éxitos de Jaco fueron recreados por los talentosos músicos locales. Para los admiradores, un esperado placer. Para quienes no conocían a Jaco, la oportunidad ideal de escuchar las composiciones de este pionero del bajo que, a casi 30 años de su muerte, no se cansa de dar cátedra.

Sí, ya entramos en la recta final del nuevo BAFICI, y por eso hay que disfrutar cada segundo.

 

Atomic Heart, de Ali Ahmadzadeh (Irán, 2015, Comp. Int.), por Emiliano Román

Lo más interesante de Atomic Heart es que nos saca el prejuicio que la vida en Irán puede llegar a ser muy aburrida. Parece que los jóvenes salen de parranda, escuchan la misma música que nosotros, fuman marihuana, ven cine de Hollywood, leen y tienen una visión no tan cerrada de su realidad política y social.

Esto nos cuenta el realizador en esta especie de road movie urbana y nocturna, todo ocurre en una noche y prácticamente dentro del auto. Dos chicas salen de una fiesta, que a pesar de sus atuendos son “cancheras” y modernas, muy alegres y yendo a contramano por la avenida. En ese trayecto se encuentran a un amigo, cantan “We Are the World”, tienen diálogos y reflexiones riquísimas, chocan, se las ven con la policía, conocen a un sujeto bastante particular y el fantasma de la bomba atómica está siempre latente.

El problema es que esa noche en Irán se entregaban unos subsidios y no había plata en los cajeros para pagar los daños causados por el accidente. El film que arranca como una comedia en donde hay varias situaciones risueñas va cambiando de ritmo y de registros que lo hacen inconsistente. Sin darnos cuenta nos encontramos frente a un drama con alguna que otra situación de violencia, desencadenando en algo místico que nada tiene que ver con aquel comienzo encantador.

No logra nunca recuperar su frescura y desaprovecha la oportunidad de brindar un cine novedoso para lo que uno está acostumbrado a ver de las realizaciones iraníes. Este auto pierde la dirección del eje narrativo y las reflexiones brillantes quedan reducidas a lo inverosímil. Mejor nos quedamos con esa escena donde las chicas deben explicarle con argumentos sólidos al policía, porque Argo es una mala película, a pesar que ellas piensen lo contrario.

calificacion_2

 

 

 

Idilio, de Nicolás Aponte Gutter (Argentina, 2015 – Comp. Arg.), por Matías Orta

Los triángulos amorosos suelen estar abordados desde el punto de vista del engañado o por el lado del infiel. Pero, ¿y el tercero (o tercera) en discordia? ¿Qué pasa por su cabeza y, sobre todo, por su corazón? Interrogantes que pueden tener una buena respuesta gracias a Idilio.

Camila (Paula Carruega) muere de amor por un tal Martín. Ella quiere estar con él, lo que parece ser algo mutuo… pero él sigue de novio con otra chica. Camila no quiere dejar de apostar por una potencial relación. Sin embargo, pese a los encuentros entre ambos–con sexo incluido- Martín no se decide a resolver su futuro sentimental. Y Camila no da más.

Para acentuar que la mirada sólo estará puesta en ella, Nicolás Aponte Gutter estructura la película en base a primeros planos de la muchacha durante diferentes estados de ánimo, mientras dialoga con Sebastián (Manuel Novoa), su fiel amigo y confidente. El peso de la película cae en Paula Carruega, quien desde el primer momento logra que el espectador se involucre en su odisea personal basada en el enamoramiento, la bronca, la esperanza, la tristeza. Cada escena/estado está separada por la pantalla negra mientras suenan temas musicales relacionados con cada vivencia de la chica; aunque sean temas en inglés, vienen con subtítulos. Un recurso que podría haber estado mejor desarrollado, más allá de que éxitos como “Self Control”, de Laura Branigan, le dan un sabor especial a la historia.

El amor y el desamor dicen presente en Idilio, y sin jamás renunciar a sus intenciones de plasmar, en primera persona, la felicidad y el tormento que muchas veces implican estar enamorado.

calificacion_3

 

 

 

Prometo um dia deixar essa cidade, de Daniel Aragão (Brasil, 2014 – Comp. Int.), por E.R.

Recife es una da las ciudades más bellas del noreste brasilero, pero también posee un alto nivel de delincuencia y el tráfico de drogas es unos de los factores causantes de estos índices. Daniel Aragão, en su segundo trabajo, se mete de lleno en esta cuestión sin dejar de denunciar la complicidad política que hay en esto.

La hermosa Joi es dada de alta de una clínica psiquiatra por adicciones, su inserción a la sociedad no es fácil, pero el punto más complicado es la relación que tiene con su padre poderoso, pre candidato a intendente en las elecciones primarias y con un grado de impunidad notables para algunos asuntos.

Ella no puede cortar el lazo con este, siempre de alguna manera u otra queda en absoluta dependencia de un padre arbitrario y totalitario, en esos vaivenes Joi intenta resistir al mundo de las drogas pero el contexto en vez ayudarla la incita aún más a volver a sufrir una recaída. La estigmatización que padece se vuelve una condena de la cual parecería nunca poder salir de ese lugar en que el Otro la rotuló.

Film arriesgado, no solo por el análisis de la problemática, sino por los cambios de registros narrativos que despliega. Lo que empieza por ser un drama clásico termina como thriller con ribetes surrealistas. Asesinatos, insinuación de incesto, erotismo, flashbacks, onirismo se mezclan entorpeciendo un tanto el fluir del relato y por momentos quedar en una historia bastante absurda.

De todos modos, la película cuenta con varios aciertos como una notable puesta en escena, algunas secuencias muy logradas y solidas actuaciones, en especial la de Bianca Joy Porte en el papel de esta chica atrapada en un lazo edípico del cual no puede desenredarse.

calificacion_3

 

 

 

Letter to Max, de Eric Baudelaire (Francia, 2014 – Vanguardia y Género), por M.O.

Las convulsiones políticas en Europa del Este ya son demasiado familiares. Países que se separan, que logran su soberanía, que son absorbidos por otro país… Situaciones que llegan a través de noticias. Letter to Max logra algo diferente y más vívido: contar una situación de esas características, pero desde el punto de vista de uno de sus ciudadanos. Y lo cuenta de manera más inusual aún: mediante comunicación epistolar.

Eric Baudelaire, director de este documental, se comunica con Max, amigo y residente de la República de Abjasia. Gracias al testimonio en off de Max, podemos conocer cómo esa porción del mundo se independizó de Georgia y adquirió soberanía como un país, para luego ser deglutido por Rusia. Las respuestas de Max –luego convertido en Viceministro de Relaciones Exteriores- son ilustradas por imágenes de una nación que apostó a la esperanza en un contexto de guerra y destrucción, y que debía, pese a todo, logró una identidad propia.

Sin apelar a golpes bajos y valiéndose de un tono propio de dos amigos que charlan a la distancia, Letter to Max confirma que una nación es más que cuestiones de geografía o de política; se trata de verdadero sentimiento por la tierra de uno.

calificacion_3

 

 

 

Court, de Chaitanya Tamhane (India, 2014 – Comp. Int.), por E.R.

El sistema judicial siempre es un punto de cuestionamiento en cualquier parte del mundo, pero aquí Chaitanya Tamhane logra con su Ópera Prima salir de las superficies denunciantes e ir hacía la matriz propia del mismo: la burocracia obstinada que deja a los ciudadanos en situaciones de desamparo frente a una estructura gigante que se olvida de su fin: impartir justicia.

Narayan Kamble es un artista ambulante que es acusado de incitación al suicidio porque a los pocos días de una performance suya, un hombre aparece muerto en las acantarillas y todo hace suponer que se quitó la vida. Así de absurda como parece es la denuncia y hay todo un aparato construido para demostrar la culpabilidad del músico.

El metraje va narrando las diferentes etapas del juicio con una claridad notable y soberbio pulso narrativo. Las acusaciones van desde su pasado como militante hasta su peligrosidad para el país. Ambos abogados (demandado y demandante) exponen con solvencias sus argumentos, a la vez que se recorre las vidas privadas de los mismos.

Interesante como muestra la idiosincrasia de la cultura india, como los detalles de sus tribunales. Una audiencia es prácticamente un trámite estatal, donde en un mismo día un juez atiende varios casos en pocos minutos. Además del juicio del protagonista, vemos otros, como por ejemplo un vecino acusa a otro de haberle robado el reloj.

Esto es relatado con poesía y realismo a la vez. Los distintos planos profundiza la mirada del realizador hacía el interior del tribunal, el juego de colores de sus vestimentas no dejan de ser un gran atractivo visual. Un guión solido muestra las partes en conflicto a través de una acertada construcción de los personajes.

Quizás una última secuencia diluye un plano anterior que hubiese sido un final perfecto, de todos modos es enteramente disfrutable no solo por la historia sino por el viaje al interior de la sociedad india que para nuestra mirada occidental todavía nos parece un tanto arbitraria y anticuada.

calificacion_4

 

 

 

A Girl Walks Home Alone at Night, de Ana Lily Amirpour (Estados Unidos, 2014 – Vanguardia y Género), por Guido Pellegrini

Una película mutante e híbrida, que por su mezcla de géneros y referencias parece un reflejo cinematográfico de los numerosos desplazamientos internacionales de su directora. Ana Lily Amirpour es hija de iraníes, nació en Inglaterra y se crió en Estados Unidos, principalmente en la ciudad californiana de Bakersfield, a cincuenta kilómetros de donde finalmente rodó su primer largo, A Girl Walks Home Alone at Night, filmada en el pequeño poblado de Taft. Sin embargo, los personajes hablan en farsi y la historia transcurre en Bad City, un “pueblo iraní de cuento de hadas”, como lo describió Amirpour en una entrevista para Los Angeles Magazine.

Es un lugar perdido y atemporal, donde una vampira skater deambula por calles vacías y nocturnas. Vive sola en un cuarto empapelado con posters de sus músicos favoritos y usa el hiyab como si fuera una estilizada capa negra. Se trata de la “chica” del título, la que vuelve a su casa sin que nadie la acompañe, como tantas mártires femeninas en incontables películas de terror, excepto que en este caso ella es la victimaria y los hombres, sus víctimas. Pero no siempre cumple el rol de asesina. También se puede enamorar de un joven jardinero, aunque sabe que su condición de vampira significa que capaz no pueda evitar herirlo.

Es un clásico tema, ya presente en Carmilla (1872), de Sheridan Le Fanu, uno de los textos fundacionales del género: la tragedia del vampiro, siempre al borde de lastimar a quien ama. Amirpour incluso parece haber extraído otros elementos de la novela del irlandés: no solo la figura de la vampira, sino también su ritmo pausado y elíptico, la sutileza de su narración, bastante distante al estilo de Drácula, de Bram Stoker, con su prosa recargada y melodramática.

A Girl Walks Home Alone at Night es un film irreverente, de voluptuosas imágenes en blanco y negro, en el que una musulmana derriba estereotipos con sus colmillos, convirtiéndose en una peligrosa vengadora. No en vano tiende a atacar a los hombres más misóginos y desagradables de Bad City. Uno no se imagina que una película así pueda realizarse en Irán, y efectivamente Amirpour la rodó en Estados Unidos. Pero tampoco es un film típico del país norteamericano. No es de ninguna parte, entonces. Fiel a la complejidad cultural y geográfica de su vida, la directora arrancó un pedazo de Estados Unidos para convertirlo en Irán, o en su reverso fantástico, que nunca podría representarse desde el mismo país asiático.

calificacion_5

 

 

 

Dark Star – H.R. Giger’s World, de Belinda Sallin (Suiza, 2014 – Nuevo Documental Suizo), por M.O.

Cuando se estrenó Alien, El Octavo Pasajero, el público se estremeció ante la presencia de una nueva clase de monstruo. Un ser tan mortífero como fascinante, creado por un artista suizo tan extravagante como talentoso: Hans Ruedi Giger. Porque el asesino espacial es sólo la punta de un iceberg oscuro y tenebroso de una obra que plasma estilizadas pesadillas.

El documental se adentra en la intimidad de los últimos días de Giger (murió en mayo de 2014): su casa, con un jardín que incluye su propio tren fantasma; los asistentes, los familiares, algunos colegas y, por supuesto, la faena creativa; a los 74 años, seguía pintando cautivantes gemas que mezclan el sexo, la muerte y la fusión entre el hombre y la máquinas, denominada Biomecánica. Además, Giger y sus colaboradores más cercanos dan detalles sobre su crianza en los Alpes, el suicidio de su primera pareja y primera gran musa (tema sobre el que apenas puede hablar), y podemos acompañarlos a firmas de autógrafos y al Museo Giger, en la ciudad suiza de Gruyères.

Sin duda, el tributo perfecto para un genio visual que vestía de negro y que sigue perturbando, con sus invenciones, a admiradores de todo el mundo.

calificacion_4

 

 

 

Llamas de Nitrato, de Mirko Stopar (Argentina / Noruega, 2014 – Panorama), por Martín Chiavarino

Potlatch teatral

La actriz María Falconetti (Renée Jeanne Falconetti) fue una destacada actriz francesa de la escena teatral parisina de la primera posguerra del Siglo XX. Llamas de Nitrato reconstruye la vida de la bella actriz desde sus comienzos en los teatros parisinos, pasando por su casamiento con un millonario, lo que le permitió realizar todo tipo de obras sin preocuparse por ganarse el pan, hasta el final de su carrera y su posterior suicidio.

El documental de Mirko Stopar utiliza la figura de Falconetti y su famosa actuación en la película muda del director danés Carl Dreyer, La Pasión de Juana de Arco (The Passion of Joan of Arc, 1928), una de las mejores películas de la historia del cine, perdida por mucho tiempo y encontrada en el sótano de mi nosocomio, para analizar la formación de un aura mística alrededor del film que lo transformó en una obra ineludible para los cinéfilos y la historia del cine.

A través entrevistas a diversas personas que la trataron en su paso por Buenos Aires, material de audio de Falconetti que se conserva, el documental reconstruye la severidad y el rigor de Dreyer que llevaron a Falconetti a lograr una de más recocidas interpretaciones actorales del cine, reconocida muchos años después de su primer estreno a través de la recuperación de la cinta original y su consiguiente reestreno.

Llamas de Nitrato es, gracias a la labor de investigación, un gran trabajo de edición y una dedicada reflexión sobre un caso importante sobre el séptimo arte, una gran obra que analiza la historia del cine a partir de la dispendiosa vida de Faconetti que perdió toda su fortuna financiando obras de vanguardia después de su rol protagónico en el film de Dreyer, y finalmente terminó en la pobreza mantenida por la ayuda por francófilos sudamericanos.

calificacion_5

 

 

 

Casa Vampiro, de Jemaine Clement y Taika Waititi (Nueva Zelanda / Estados Unidos, 2014 – Nocturna), por Emiliano Fernández

Queridos difuntos…

Oceanía nos ha dado muchas alegrías a los fanáticos del séptimo arte a lo largo de las décadas, no sólo en lo que hace a esas películas encuadradas en una suerte de mainstream local sino también en lo referido a una pluralidad de propuestas independientes de toda índole. Si bien la fórmula autóctona respeta el esquema de la enorme mayoría de los mercados cinematográficos del Tercer Mundo, no cabe duda que en la región se profundizó -por razones culturales e históricas obvias- esa típica combinación entre la mordacidad elegante europea (en especial la que responde a la vertiente británica) y esa pasión irrefrenable por los géneros (por supuesto que la influencia estadounidense fue decisiva).

Australia ya nos había regalado el año pasado un díptico maravilloso compuesto por The Babadook (2014) y Wyrmwood (2014), hoy Nueva Zelanda completa el suyo al sumarle Casa Vampiro (What We Do in the Shadows, 2014) a la también hilarante Housebound (2014), redondeando una etapa genial que supera ampliamente a Hollywood y su panoplia de bodrios. En la línea de La Danza de los Vampiros (Dance of the Vampires, 1967) de Roman Polanski, el opus ofrece un retrato ácido de lo que implicaría una convivencia suburbana y más o menos “tradicional” de un puñado de chupadores de sangre, haciendo foco sobre todo en los pormenores de tal faena y el choque subsiguiente de idiosincrasias.

El trabajo de los directores, guionistas y protagonistas Jemaine Clement y Taika Waititi es francamente extraordinario, ya que a la vez que construyen una parodia muy eficaz de los resortes prototípicos del género (condimentándola con una estructura meramente decorativa símil falso documental), consiguen una alegoría precisa de la cultura neozelandesa y/ o global (la permeabilidad a la estupidez contemporánea es bastante alta en todo el planeta). Así descubrimos de a poco a los cuatro habitantes de un hogar entre lúgubre y absurdo: Viago (Waititi), el dandy sofisticado, Vladislav (Clement), el mujeriego crónico, Deacon (Jonathan Brugh), el rebelde, y Petyr (Ben Fransham), el Nosferatu oficial de la comunidad.

Utilizando como excusa la llegada al grupo de Nick (Cori Gonzalez-Macuer), un vampiro novato, y Stu (Stuart Rutherford), su amigo humano, el relato nos pasea por un sinfín de comentarios irónicos acerca de las personalidades involucradas, los problemas para hacerse de “alimento”, la dialéctica amo-esclavo, la necesidad de pernoctar durante el día, las particularidades del gremio de los difuntos y los desajustes con respecto al coexistir en el siglo XXI. La obra tiene destino de film de culto y en esencia está apuntalada en la química de los actores y en ese cúmulo de observaciones entrañables en torno a la faceta mundana del devenir social y cierta pose superada del que se sabe paria, melancolía sutil mediante…

calificacion_5

 

 

 

Cavalo Dinheiro, de Pedro Costa (Portugal, 2014 – Panorama), por Carlos Federico Rey

Pedro Costa y su cine seco, ríspido, acético, como una carga de peso muerto cayendo sobre tu hombro durante mucho tiempo, molesto, lúgubre. Los adjetivos no alcanzan para referirse a la incomodidad, a la aspereza que provoca la épica caboverdense en el barrio demolido de Fontainhas, donde el viejo Ventura es héroe, un épico personaje tembloroso que representa la memoria colectiva de un pueblo, un pueblo perseguido, cazado y matado (Costa se ocupa de mostrar el fascismo a los que son sometidos los caboverdenses en las únicas dos secuencias de exteriores de la película). La película trabaja en un registro estético expresionista, con oscuridades y sombras deudoras de Robert Wiene y apuesta a la fuerte denuncia política; allí donde fuimos felices con Juventud en Marcha también el suelo se regó de sangre y muerte, y Costa pone la cámara ahí, en lo urgente, para recordarnos que no todo es felicidad.

calificacion_3

 

 

 

A Sangre Fría, de Richard Brooks (Estados Unidos, 1967 – Clásicos), por M.C.

La adaptación del director y guionista Richard Brooks (The Cat on a Hot tin roof, 1958, The Catered Affair, 1956), de la extraordinaria novela iniciadora del Nuevo periodismo en Estados Unidos, A Sangre fría de Truman Capote, es decididamente un clásico del cine y una de las mejores adaptaciones cinematográficas de Brooks.

La trama que desencadena este movimiento cultural es el asesinato de una familia terrateniente en Kansas. Mientras los asesinos huyen hacía México, no sin antes realizar una escalada de estafas alrededor de varios estados, la policía busca pistas e indicios infructuosamente hasta que da con unos sospechosos a través de un preso que había trabajado con la familia y le había contado a su compañero de celda de una caja fuerte escondida en la casa.

El resto es una novela que funciona como ensayo sobre la justicia norteamericana, el conservadurismo, las diferencias de clase, los problemas familiares y psicológicos de vidas signadas por la violencia y el maltrato y una maravillosa culminación de un proceso en el que en periodismo se fundió con la literatura. La película de Brooks no se queda atrás y reconstruye fielmente a la novela las historias paralelas de la búsqueda policial y la huida de los sospechosos para confluir en un final que tuvo en vilo a la sociedad en su momento y tendrá por siempre en vilo a los hasta el último minuto a través de un tensión fulminante.

La vida, la muerte y la escritura fundidas como un proceso de análisis, comprensión y difusión de la realidad son puestas a prueba por Capote y por Brooks para encontrar que hay en la psique humana y que lleva a alguien a asesinar a sangre fría a personas que no conoce. Es en ese lugar donde realmente Capote y Brooks encuentran el sueño americano y lo comparten.

calificacion_5

 

 

 

National Gallery, de Frederick Wiseman (2014, Estados Unidos / Francia – Panorama), por C.F.R.

Wiseman, un héroe no intervencionista, no invasivo, que deja que sus documentales fluyan con un ritmo trepidante, sin voces en off narrativas ni entrevistas pactadas, solo la construcción cinética formulada por precisos encuadres de las obras que construyen la National Gallery de Londres (y cuando me refiero a precisión, estoy hablando de matemática, encuadres de cuatro salones a través de puertas con una casi infinita profundidad de campo), y principalmente, la pasión y astucia que ponen en sus trabajos los guías y restauradores del establecimiento y el contacto pasional que generan entre la institución y la gente. Es ahí cuando Wiseman mezcla algunas reuniones de directorio con diálogos snobs y burócratas sobre el funcionamiento del lugar y sobre cómo debe ser la relación de la Galería con los visitantes, mostrando un contrapunto entre la pasión técnica por la obra artística con la política y el marketing como lado oscuro del lugar. Como siempre, Wiseman (y el cine) encuentran una cámara en rebeldía; cuando fue a buscar un plano general externo de la Galería, se encontró con un escrache de Greenpeace a Shell, algo así como sucedía con los reptiles albinos de Herzog cuando fue a filmar las Cuevas. Los buenos documentales siempre tienen rebeldía y el octogenario Wiseman se sigue mostrando rebelde y activo.

calificacion_4

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