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13.09.13
13° Festival de Cine Alemán

13° Festival de Cine Alemán – Crítica – El Fin de Semana

El Fin de Semana (Das Wochenende, Alemania 2012)

Dirección
y
Guión: Nina Grosse. Elenco: Katja Riemann,
Sebastian Koch, Tobias Moretti, Barbara Auer, Sylvester Groth, Robert Gwisdek,
Elisa Schlott.
Producción: Nina Maag, Nico
Hofmann, Thomas Peter Friedl.
Duración:
97 minutos.

Lejos de la revolución

Parece que Bernard
Schlink no se cansa de vender libros en Alemania. Luego de El Lector, otro best seller suyo fue adaptado al cine, un filme que
narra la historia de un ex terrorista que sale en libertad después de 18 años
de prisión.

La Fracción del
Ejército Rojo fue una organización revolucionaria de ultra izquierda que operó
en la Alemania capitalista durante las décadas 70s y 80s. Jens (Sebastian Koch)
fue un activo militante hasta que lo apresaron. El primer fin de semana en
libertad, su hermana lo lleva a su casa de campo y organiza una reunión con ex
compañeros de la agrupación. Claro que ahora los otrora jóvenes
revolucionarios, son señores adultos cuasi burgueses que gozan de una vida
acomodada, adaptada al sistema de mercado.

Jens no sólo sospecha
que uno de ellos fue el que lo delató en aquella oportunidad, sino que también
se reencuentra con su antigua novia, Inga (Katja Riemann), quien rehízo su vida
y ahora tiene una familia, y con su hijo, a quien jamás le prestó atención. El
aire se corta con cuchillo y las discusiones ideológicas pasan a segundo plano
debido a la cantidad de reproches personales que se acumulan luego de tantos
años de elipsis en sus vínculos. La cineasta Nina Grosse, a través de un
notable guión adaptado, desarrolla con riqueza los distintos conflictos
emocionales que padecen los protagonistas a partir de las deudas psicológicas
que quedaron pendientes durante casi dos décadas.

Jens es un tipo parco,
callado, desconfiado, sin ningún vistazo de arrepentimiento por las luchas
pretéritas, conserva los mismos ideales anti-imperalistas de entonces; el resto
parece querer esconder el pasado o intentar explicar desde algún lugar banal el
fracaso de la revolución. A medida que avanza el relato, la tensión se va
incrementando y surgen más dudas e interrogantes mutuos. El quiebre narrativo aparece
cuando llega Doro, la hija de Inga, quien con su curiosidad juvenil empieza a
tejer situaciones que multiplican los conflictos.

Casi todo ocurre en
esa casa, los planos subrayan la importancia de la comida en tanto objeto
simbólico que media en el encuentro con el otro, manjares de los cuales Jens
reniega (llevar cosas a la boca permite “no hablar de lo que hay que hablar”).
Nadie quedará ileso de esta cita, la alfombra que escondió la basura durante
años será levantada este fin de semana. Con fuerte impronta dramática y una
modalidad narrativa cercana a lo teatral, el filme no decae en ningún momento.
Los conflictos ideológicos, amorosos y filiales se dan cita en una obra que no
sólo intenta revisar un aspecto de la historia reciente alemana, sino que también
se pregunta sobre el destino de aquellos ideales juveniles, hoy tan lejanos en
la mayoría de los adultos.


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