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13.11.13
14º BARS

14º BARS – Críticas

El 14º Buenos Aires Rojo Sangre ya terminó, pero nos dejó una buena cantidad de películas imperdibles, que trazan un panorama del género fantástico que se viene haciendo en el mundo y, fundamentalmente, en la Argentina.

Hubo para todos los gustos: mundos tan imaginarios como peligrosos, epopeyas demenciales, horror psicológico; criaturas sobrenaturales, monstruos de la vida diaria…

Bien vale recordar algunas de las obras más destacadas dentro de una programación que no tuvo desperdicio.

Trash 2: Las Tetas de Ana L., de Alejo Rébora (Argentina), por Matías Orta

Una de las atracciones del BARS 2011 fue Trash, que obtuvo el premio a la Mejor Película Iberoamericana. Este año llegó la secuela, que sube la apuesta en cuanto a realización e incorrección política.

Trash 2: Las Tetas de Ana L. es una continuación directa de la primera parte, pero protagonizada por otro de los personajes: Ana Ele Bruselas (Leticia Salorio), quien debe recuperar las tetas que le fueron extirpadas. Será una búsqueda frenética, repleta de mafiosos, fellatios, podredumbre, abortos y más aberraciones.

Una vez más, el estilo remite a una versión demente –y con un montaje demoledor– de Corre, Lola, Corre. Pero ahora, aunque sigue siendo una obra de bajo presupuesto, el producto final es aún más cuidado, gracias a gran trabajo de fotografía y de puesta en escena, y también a la caracterización de los extravagantes personajes que pueblan la historia. Mérito del director Alejo Rébora y su equipo.

Una experiencia destinada a quemar cerebros y a poner a prueba el paladar del espectador. Y se viene la tercera parte, que seguro romperá con más moldes y continuará shockeando al prójimo.

 

Para Elisa, de Juanra Fernández (España), por Marisa Cariolo

La ópera prima de Juanra Fernández posee ciertos elementos que caracterizan el cine de terror español de los últimos años (generación de climas opresivos, personajes arquetípicos, factura técnica cuidada, lograda dirección de actores), mixturados con un relato que si bien arranca con muchos bríos termina perdiendo contundencia a medida que el mismo avanza

Rodada con un acotado presupuesto de 700.000 Euros (contando con un subsidio del veinte por ciento del mismo de la fundación Leo Messi), el film narra la historia de una joven quien, apremiada económicamente, toma un trabajo de niñera. Pero como es de esperarse, nada es lo que parece y ese simple trabajo termina siendo la peor de las pesadillas. Una vez dentro de la casa de su empleadora: una eximia pianista de la década del sesenta, devenida en coleccionista de muñecas y madre de una niña a quien ella denomina como especial, es tomada de rehén para que una niña no tan niña juegue con ella, cuan una verdadera muñeca viviente.

La niña, interpretada por Ana Tupin quien obtuvo el premio como mejor actriz en la sección de competencia iberoamericana, se encargara de la realización de las vejaciones más aberrantes (algunas de ellas demasiado inspiradas en la versión cinematográfica de Misery) y brindara la intensidad que el relato requiere.

Las escenas más logradas del film son aquellas que transcurren en la lúgubre casa y parte de la contundencia de las imágenes reposan en el trabajo de iluminación de David Valldepérez, quien sabe morigerar las falencias presupuestarias con una inteligente utilización de los recursos técnicos.

Así, Para Elisa se convierte en un interesante debut del director, más brillante por su aspecto técnico que por su guión, que se torna en un previsible engendro entre Misery y La Huérfana.

 

Cichonga, de Esteban Rojas (Argentina), por M.O.

Cichonga (El Cicho) es un duro como pocos. ¿A qué punto? Piensen en cuántas personas sobreviven gracias a una cerveza especial que, además, le otorga una fuerza descomunal. Todo se pondrá pesado cuando un mafioso le roba su elixir. Cichonga deberá recuperar lo suyo, sin importar la cantidad de matones y otros personajes que deba enfrentar en el camino.

Con escasos recursos pero amigos fieles y mucho corazón y talento, Esteban Rojas crea un mundo similar al nuestro y, al mismo tiempo, muy diferente, que mezcla barrio del conurbano con ciencia-ficción. La fauna de personajes marginales y esotéricos tiene un rasgo común: no se comunican mediante el habla sino a través de sonidos guturales (algunas malas palabras pueden ser captadas, igual). Poco importa si se trata de un toque de genialidad o de una excusa para tapar alguna cuestión técnica: el recurso funciona y nunca se agota. Además, la garra que le pone Rojas la convierte en un entretenimiento sin pausa.

Cichonga es un tema punk ruidoso y festivo, que se enorgullece de su condición. No pretende ser más de lo que es y se enorgullece de eso. Y, como si fuera poco, deja con ganas de probar, al menos, una gota de esa potente cerveza.

 

Mar Negro, de Rodrigo Aragao (Brasil), por M.O.

En altamar, dos pescadores son atacados por una suerte de Monstruo de la Laguna Negra. Cuando vuelven al poblado costero, las consecuencias de las mordidas pronto son muy claras: de pronto, hordas de zombies mutantes van devorando lo que se les cruce. Sólo podrán hacerles frente la esposa del pescador más veterano, la hija de ambos y un joven albino con inclinaciones por la magia negra.

En Mar Negro, Rodrigo Aragao toma la clásica fórmula de los muertos vivientes y le da su toque personal, a la que le agrega monstruos marinos, héroes de dudosa moral y hasta rituales satánicos. Y, como si no fuera suficiente, rompe con un elemento que es tabú hasta en el cine de terror: la muerte de niños, quienes aquí la pasan de lo peor.

Los efectos especiales artesanales (nada de tecnología digital) contribuyen a que las criaturas parezcan realistas y aterradoras, y el guión tiene vueltas de tuerca tan extrañas como divertidas.

Una buena muestra de zombies brasileños, y con un estilo y una frescura poco frecuentes.

 

 Sonno Profondo, de Luciano Onetti (Argentina), por M.O.

El giallo es un subgénero que nació en Italia; el nombre significa amarillo, y viene de las tapas de las novelas policiales publicadas en ese país. Estas historias incluían asesinos misterios y muertes truculentas. Mario Bava fue uno de los pioneros en filmar giallos, pero Dario Argento consagró a este subgénero que pegó fuerte en todo el mundo.

Por ejemplo, en el director Luciano Onetti. Sonno Profondo no sólo funciona como un gran homenaje al giallo (recupera la textura de aquellos films setenteros, copia el color de esa sangre falsa y hasta está hablada en italiano, con correspondientes subtítulos) sino que también es un giallo muy original. La historia está centrada en un asesino de mujeres que comienza a ser acechado por otra figura siniestra. Lo curioso que, a lo largo de la película, apenas vemos las manos enguantadas de los psicópatas; las víctimas y algún que otro personaje sí aparece de cuerpo entero, pero nunca las caras de los protagonistas.

Y, como en todo buen giallo, la trama incluye muertes violentas y giros inesperados.

Si bien el final se hace un poco largo, Sonno Profondo sigue siendo un tenebroso canto de amor enfermizo a aquellos films popularizados que tanto fascinaron a cinéfilos de todas las épocas.


Sangre Negra: Aldo Knodell debe Morir, de Elián Aguilar (Argentina), por M.O.

Un asesino sobrenatural hace estragos en la ciudad de Carlos Keen. Se trata de Aldo Knodell, un asesino tan misterioso como letal, que se caracteriza por su sangre negra. Un grupo de jóvenes especialistas en lo oculto, conocido como La Delegación, llega para ponerle fin a la amenaza. Pero las cosas no salen como estaba planeado y ahora el espíritu de Knodell anda libre, más peligroso e impredecible que nunca. Sólo queda una oportunidad para ponerle fin al horror.

La película combina horror, western y elementos de comedia; las posesiones demoníacas conviven con duelos al sol. Un detalle interesante es que, al contrario del común de esta clase de films, la mayoría de las escenas aterradoras ocurren durante el día, pero no por eso pierden fuerza.

El director Elian Aguilar venía de hacer el documental Rojo Sangre: 10 años a Puro Género, sobre el décimo aniversario del festival Buenas Aires Rojo Sangre (caldo de cultivo de una nueva generación de cineastas dispuestos a apostar por el fantástico). Aquí debuta en el largometraje de ficción y demuestra que conoce el género —o los géneros que combina—, y sabe sacarle provecho al bajo presupuesto y a las locaciones de Carlos Keen. Además, le escapa al espíritu trash, muy común en estas películas, y apuesta a un estilo más clásico. Se le puede criticar que el ritmo por momentos se hace muy lento, aunque está compensado con escenas impactantes, de efectos especiales bien logrados.

Las actuaciones del elenco son desparejas, pero se destacan María Dupláa, vista en Mala, de Israel Adrián Caetano, y Adrian Garavano, protagonista de Lucho’s Big Adventure, la esperada epopeya nerd a cargo de Esteban Rojas.

Sangre Negra: Aldo Knodell debe Morir está pensada como el principio de una trilogía (la segunda parte se titulará Sangre Negra: De Ida y Vuelta al Infierno). Queda esperar para ver cómo continua la historia y seguir la evolución de Aguilar. De todas maneras, este film deja en claro que el cine fantástico criollo de género, hecho de manera independiente, está lejos de detener su marcha.

Adormecidos, de Martin Metlikovic (Argentina), por M.C.

Raúl tiene problemas para dormir, sus grises ojeras lo delatan inmediatamente. Sus movimientos se vuelven torpes, pesados, característicos de esas personas que ya no tienen demasiado dominio ni de sí mismos ni de su entorno. Está en tratamiento psiquiátrico, todas las mañanas luego de crujir su cansado cuello debe tomar la medicación que lo mantiene en un relativo estado de “normalidad”. Fuera de esto, es un joven treintañero normal: amante del cine clase B, su departamento está plagado de DVDs de clásicos del género. Por lo menos así logra hacer más amenas sus noches de insomnio…

Cansado de esta situación, se decide a comprar una “almohada inteligente”, fabricada por la NASA, para tratar de conciliar el sueño. De esta manera, el joven amante del cine clase B supone que con esto sus problemas terminarán y podrá recuperar su plenitud física, sin embargo los hechos se desarrollarán de una manera insospechada.

La ópera prima de Martin Metlikovic conjuga con maestría las influencias cinéfilas que sin lugar a dudas lo formaron: hay referencias a Cronenberg, Kubrick, Buñuel, Carpenter y Romero, entre otros. El elemento onírico y aterrador hace recordar a esas atmosferas carpenterianas de En la Boca del Miedo o esa extrañeza agobiante de Videodrome, de Cronenberg.

Sin apoyo económico alguno por parte de ninguna entidad gubernamental o de fomento al cine, Metlikovic realizó esta producción con aporte de sus familiares, amigos y compañeros del “Taller de cine contemporáneo” de Vicente López, lo que le otorga un auténtico carácter independiente como bien lo señaló en su presentación en el marco del Festival BARS. Adormecidos es un auspicioso debut por parte de Metlikovic que genera ansiedad por su sucesor y nos invita a desear que proyectos de género como este sean promovidos y subsidiados en Argentina.

 

Volver a Morir, de Miguel Urrutia (Colombia), por M.O.

Una mujer despierta junto a un hombre. Ella no sabe quién es, aunque resulta evidente que tuvieron sexo. El hombre habla con ella, la seduce… y la asesina… Y la mujer vuelve a despertar junto al asesino, igual que al principio. La acción se volverá a repetir, una y otra vez, pero la víctima se las arreglará para ir descubriendo más sobre la vida de su verdugo.

Si mezclamos 8 Minutos Antes de Morir y una película con asesino psicópata, el resultado es esta interesante producción colombiana. El director y guionista Miguel Urrutia sabe explotar muy bien la unión de conceptos y se las arregla para que el recurso del momento que se repite sin parar (como sucede en Hechizo del Tiempo/El Día de la Marmota) nunca se agote y siempre sirva para aportar más información sobre la historia y los personajes.

Un guión cuidado, al que le hacen justicia los trabajos de cámara, fotografía y montaje, además de un desempeño actoral más que correcto.

Volver a Morir es una pesadilla cíclica y, lo que es peor, muy real.

 

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