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19.11.13
28° Festival Internacional de Cine de Mar del Plat

28º Festival Int. de Cine de Mar del Plata – Día 3

Lunes 18 de noviembre.

El festival continúa su marcha. Las salas no están tan ocupadas durante la mañana pero se llena a partir de la tarde-noche, cuando los espectadores salen de sus trabajos o escuelas, ya dispuestos a disfrutar de cine nacional y de todo el mundo.

El gran acontecimiento del día fue la charla a cargo de Pierre Étaix. Haciendo gala de su carisma y de sus jugosas anécdotas, el legendario actor y director francés deleitó a un público numeroso. Además, se explayó en el arte de hacer comedia y hasta opinó de otros cineastas, como Woody Allen. Apenas terminó el evento, los presentes corrieron a saludar y a sacarse fotos con él, quien demostró de una persona adorable.

Y la proyección de films no se detiene. Hay de todo y para todos los gustos. Y todavía no llegamos ni a la mitad del festival.

 The Strange Little Cat, de Ramon Zürcher (El Extraño Gatito, Alemania, 2013 – Sección Competencia Int.), por Elena Marina D’Aquila

La ópera prima de Zürcher, se centra en la vida cotidiana de una familia alemana, y los muestra comiendo, cocinando, jugando con sus mascotas, observando por la ventana, y relacionándose entre ellos, con sus silencios, y la distancia que genera este tipo de registro, el aquí y ahora de esta familia de la que no sabemos nada más que lo que tenemos oportunidad de espiar en ese momento.

El film trabaja el fuera de campo tanto a nivel imagen como en el plano sonoro. Un personaje puede estar hablando con otro, pero encontrarse fuera del encuadre, entonces vemos al receptor. También deja partes del cuerpo de quien habla o quien escucha –la cabeza, por ejemplo- por fuera del encuadre, o bien pueden verse solamente los pies del personaje. En cuanto al sonido, cuando hay varios personajes dialogando, puede que ninguno aparezca frente a cámara sino que lo único que vemos es una acción: la espuma girando dentro del lavarropas, o hay uno de ellos que realiza alguna acción cuyo sonido afecta la conversación.

Hay una delgada línea entre minimalismo y monotonía, en la que termina cayendo la obra. El gatito del título está siempre presente entre los miembros de la familia, al igual que el perro, pero no hay más que eso y alguna que otra situación divertida.

 

La Herida, de Fernando Franco (México, 2013 – Competencia Int), por Carlos Rey

La Herida cuenta la historia de Ana (La bella Marian Álvarez), una chica que realiza traslados de pacientes psiquiátricos y que tiene un trastorno de personalidad (posiblemente bipolaridad).

Fernando Franco decide mostrar esta enfermedad de manera límite, con una puesta en escena opresiva de colores grises y oscuros. Ana se corta el cuerpo, se quema con cigarrillos, se droga, se emborracha, y el director lo filma utilizando primeros planos y primerísimos primeros planos, tanto de las heridas en el cuerpo de la chica como en el rostro desencajado y perdido ante la nula relación con la madre y un conflicto con el padre, fuera de campo, que se resuelve en el casamiento de él con su nueva mujer.

Franco abusa de los clichés del cine indie (familia disfuncional, personaje que se moja los pies en la orilla del mar mirando la nada) y termina maltratando a su personaje de una manera cruel, sin redención posible, ni siquiera un aliciente tranquilizador que acerque un poco la narración al viejo y querido clasicismo.

 

 Liberen a García, de María Boughen (Argentina, 2013 – Competencia Arg), por Matías Orta

Roma (Luna Sarsale) e Inéz (Manuela Piqué) son felices… a su manera. Se la pasan dando vueltas por las calles y las terrazas de Buenos Aires, jugando, riendo, bailando, haciendo chistes entre ellas y a quienes se les crucen por el camino. Aunque tienen veintipico de años, son como niñas que así logran evadirse de una realidad no demasiado agradable. Y llega una gran aventura: liberar a García, el gallo embalsamado perteneciente al kiosquero.

En su ópera prima, María Boughen nos adentra en un mundo aparte, donde muchos adultos lucen de modo extraño (llevan cajas en la cabeza, con dibujos de sí mismos); un universo vital, engalanado por estas muchachas de espíritu libre, muy bien interpretadas por Sarsale y Piqué, dos verdaderas revelaciones. Otro acierto es la voz y los delirantes monólogos de García, a cargo del animador Ayar Blasco, responsable de Chimiboga y del opus postapocalíptico El Sol.

Aunque las bromas y las charlas van camino a volverse repetitivas en determinado momento, el film da un giro en el momento indicado y el interés nunca decae.

Liberen a García es la opción perfecta para alejarse un poco de la vida real y dejarse llevar por dos muchachas (y un gallo) destinados a enamorarte.

 

Pelo Malo, de Mariana Rondón (Venezuela, 2013 – Competencia Int), por C.R.

Coming of age venezolano en clave de despertar sexual. Mariana Rondón filma la obsesión de un niño de nueve años por plancharse el pelo y cantar canciones pop de estrellas populares. En esa búsqueda retrata una relación familiar disfuncional: de padre ausente y de madre homofóbica, el niño deberá luchar contra los prejuicios de su progenitora, y solo recibirá la bendición de una abuela complaciente. Toda esta situación de cambio y despertar, Rondón decide mostrarlo en el contexto de una Caracas desesperante, angustiante, periférica, sin centro, con autopistas atestadas, y una pobreza explicita que se percibe en cada uno de los encuadres. La puesta en escena remite a la opera prima de Abbas Kiarostami, Mossafer (1974), donde un niño en un contexto de familia disfuncional y una Irán pobre, decide viajar a la capital para ver a la selección de futbol. Claro, Rondón no tiene el talento de Kiarostami, pero logra que el niño, un excelente Samuel Lange Zambrano, logre la empatía del espectador en esta película desesperante pero a la vez grácil y placentera.

 

Mambo Cool, de Chris Gude (Colombia, 2013 – Competencia Lat), por M.O.

El título hace pensar en una película simpática, en el estilo de aquellos oportunistas placeres culpables cinematográficos en los que se explotaba el ritmo popular del momento (salsa, lambada, breakdance, etc.). Nada de eso: Mambo Cool se trata de un film sórdido acerca de drogas y marginalidad en la Medellín actual.

El director Chris Gude cuenta la historia con planos fijos de situaciones y personajes oscuros, como dealers, prostitutas y adictos en pleno proceso de autodestrucción. Podemos adentrarnos en ese mundo de la mano de personajes que no temen desnudar su intimidad, por más perturbadora que sea.

Si bien el trabajo de fotografía y de montaje es adecuado a la temática que retrata, nunca se produce una progresión dramática y queda como una colección de imágenes crudas y realistas más propias de una exposición que de una experiencia audiovisual.

Sin llegar a ser un film logrado, sirve para mostrarnos cómo es la situación actual colombiana en lo referente al flagelo de las drogas.

 

Blind Detective, de Johnnie To (Japón, 2013 – Sección Hora Cero), por C.R.

To se mete con un buddy movie delirante, donde una pareja de policías (uno ciego y una desequilibrada) ingresaran en un caso en el cual deberán resolver una serie de asesinatos. La pareja se mueve a puro juego, mientras la bella Sammi Cheng destila gritos y una divertida histeria, la diégesis está construida con cimientos del material que crea Andy Lau, quien protagoniza el papel del detective ciego que se convierte en un personaje centrífugo, y To lo mueve por todo el ancho del encuadre (esos bellos planos scope que el Hong Konges conoce de memoria) a puro Slapstick y le impone un ritmo frenético de comedia absurda a la película. La ceguera y una serie de poderes para descifrar algunas situaciones hacen del detective un personaje filoso, uno de esos Deus ex machina que parecen bajar de un ovni, un personaje imposible que, solo un director con la versatilidad que tiene To para moverse dentro de los géneros, puede construir a puro disfrute cinematográfico.

 

Our Sunhi (Hong Sang Soo, 2013 – Sección Autores), por E.M.D.

Los que conocemos la obra de Hong, sabemos que realiza siempre la misma película. Con pequeñas variaciones de tono, pero siempre enfocándose en sus obsesiones: el amor y el cine, una y otra vez. En su última obra, despliega su querido y conocido caleidoscopio de personajes, repeticiones, actividades cotidianas, de alcohol y los cigarrillos. El amor y el cine rondan los bares, los encuentros entre tres hombres y una mujer muy reservada, inteligente y un poco rara: Sunhi. Una mujer que comparte encuentros -alcohol mediante- con el trio masculino protagonista: Choi, un profesor de cine, al que le pide una carta de recomendación para estudiar en Estados Unidos, Jaek-Hak, un director de cine y Munsu, su antiguo novio.

La película contiene muy pocas secuencias, en las que utiliza sus recursos habituales, como el plano secuencia y el zoom. Our Sunhi no tiene ninguna dificultad cuando tiene que pasar de un momento emocional a otro cómico, y lo hace naturalmente. Un ejemplo de esto, es cuando Sunhi y Jae-Hak comparten un momento de intimidad en un bar, e irrumpe el tipo que trae el delivery de pollo en plano. Lo interesante de la película es el recorrido que va creando, cómo se tejen las relaciones entre estos tres hombres que frecuentan a la misma mujer sin saberlo, lo que deriva en una escena de clímax y el estallido del humor, en los jardines del Palacio donde vemos a estos tres hombres juntos por primera vez.

Es otra hermosa remake de sus propias películas, otra versión de su estilo que vale la pena ver, porque el cine de Hong siempre es un festival para los ojos.

Les Salauds, de Claire Denis (Francia, 2013 – Sección Autores), por C.R.

Denis recurre por primera vez al formato digital para realizar su nueva película, y en la primera secuencia lo lamentamos porque la poesía de esa muerte filmada de manera lejana, prudente, respetuosa bajo la lluvia torrencial era ideal para lucir una vez más el viejo y querido fílmico.

Un impactante Vincent Lindon va a la casa de su hermana ante la muerte de su marido y encuentra una situación desagradable con su sobrina que se encuentra en pésimo estado ya que está participando en fiestas de drogas, alcohol y masoquismo. Lindon se involucrará en la búsqueda de los responsables que someten a su sobrina el cual Denis decide mostrarlo de manera episódica, con saltos en las temporalidades y su ya clásico sentido poético en la construcción del relato. Pese a ciertos atisbos de solemnidad, el juego onírico y la construcción visual de Denis son implacables y el final, antológico, será recordado como uno de los grandes momentos de este festival.

 

Sonno Profondo, de Luciano Onetti (Argentina, 2013 – Sección Las Venas Abiertas…), por M.O.

El giallo es un subgénero que nació en Italia; el nombre significa amarillo, y viene de las tapas de las novelas policiales publicadas en ese país. Estas historias incluían asesinos misterios y muertes truculentas. Mario Bava fue uno de los pioneros en filmar giallos, pero Dario Argento consagró a este subgénero que pegó fuerte en todo el mundo.

Por ejemplo, en el director Luciano Onetti. Sonno Profondo no sólo es un gran homenaje al giallo (recupera la textura de aquellos films setenteros, copia el color de esa sangre falsa y hasta está hablada en italiano, con correspondientes subtítulos) sino también un giallo muy original. La historia está centrada en un asesino de mujeres que comienza a ser acechado por otra figura siniestra. Lo curioso que, a lo largo de la película, apenas vemos las manos enguantadas de los psicópatas; las víctimas y algún que otro personaje sí aparece de cuerpo entero, pero nunca las caras de los protagonistas.

Y, como en todo buen giallo, la trama incluye muertes violentas y giros inesperados.

Si bien el final se hace un poco largo, Sonno Profondo sigue siendo un tenebroso canto de amor enfermizo a aquellos films popularizados que tanto fascinaron a cinéfilos de todas las épocas.

 

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