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20.11.13
28° Festival Internacional de Cine de Mar del Plat

28º Festival Int. de Cine de Mar del Plata – Día 4

Martes 19 de noviembre.

El festival se aproxima a su mitad.

Las salas, cada vez más llenas, incluso en horarios de la mañana, y no sólo por periodistas o gente que llegó a la ciudad especialmente para el evento. Y allí están la mayoría de los responsables de los films, muy bien predispuestos a hablar con el público.

En cuanto a las actividades especiales, podemos destacar Toma Única, sobre la que detallaremos a continuación, seguida de las críticas del día.

Actividades Especiales – Toma Única Buenos Aires 2013, por Elena Marina D’Aquila

El Festival contó por segunda vez con este proyecto de Arcoiris Super 8 en el cual se presentarón 10 cortometrajes de varios cineastas superochistas. Algunos experimentales y otros narrativos, entre los cuales pudieron verse Cinescape de Macarena Cordiviola, Desconsolados de Jeff Zorrilla, Jaguar de Jitrik, Los remedios de Acosta, Empiria de Melisa Aller, Intermission de Losana, Armonium de Anselmi, Bazin de Digon, Puce Woman de Alomar y Sin título de Luján Montes. La consigna para esta selección consistía en entregar a cada uno de estos jóvenes directores un rollo de película para filmar un cortometraje que sea construido en su totalidad en cámara, es decir, sin un proceso posterior de montaje. Los cortos editados en cámara se lucieron en un tamaño en el cual se pudieron apreciar y notar las diferencias estéticas de cada uno. Un encuentro para celebrar a los que continúan trabajando de manera artesanal y experimentando con los diversos procesos que brinda el celuloide.

 

Bright Day, de Hossein Shahabi (Irán, 2013 – Competencia Int), por E.M.D

Shahabi cuenta la historia de Fahoudi, una maestra que contrata a Kiani, un chofer, para recorrer las calles en busca de seis testigos del hecho que marca la trama de la película: el jefe de Pouyan ha muerto, y éste se encuentra encarcelado, acusado de haberlo asesinado, aunque Fahoudi se tomará la ardua tarea de demostrar lo contrario, que fue una muerte accidental y este hombre es inocente. Entonces, durante todo el film visita a cada testigo, para convencerlos de declarar ante un tribunal y así liberar a Pouyan, que podría ser condenado a muerte, y dejar a su hija huérfana. Pero la misión de Fahoudi no será sencilla, porque los hermanos del muerto, los Shirzad, buscan venganza.

Resulta muy interesante el trabajo que realiza el director en torno a la relación entre Fahoudi y Kiani. Ella comienza su búsqueda, -que seguirá hasta el final con la misma pasión para imponer justicia- sentada en el asiento trasero del auto. Pero a medida que avanza el relato y también su desesperación, porque ese mismo día es la audiencia y si no consigue que dos personas declaren a favor del acusado, no habrá nada más que hacer, ella se pasa al asiento de acompañante y el chofer cobra protagonismo como su compañero en esta búsqueda, que se convierte en algo personal. A partir de ese momento, ambos están de igual a igual, e involucrados a más no poder con la causa. Hasta el punto en que Kiani comienza a indagar  él mismo a los testigos, y consigue que uno de ellos, Kamran, les recomiende hablar con otros colegas de Pouyan.

El film goza de un timing perfecto para el drama, y para el manejo de la tensión y la expectativa que genera en el espectador por la liberación de este personaje, que es el gran fuera de campo de la película, aunque finalmente su figura omnipresente aunque ausente físicamente, se materializa. Con escenas sumamente dialogadas y en plano secuencia, las actuaciones son esenciales y junto con el guión, hacen la fortaleza de la película. Una cita obligada de la Competencia Internacional.

 

La Laguna, de Gaston Bottaro y Luciano Juncos (Argentina, 2013 – Competencia Int), por Carlos Rey

Cine cordobés, opera prima de Gaston Bottaro y Luciano Juncos cuenta la historia de un hombre que busca una laguna para utilizarla de manera medicinal ante una evidente enfermedad terminal que lo aqueja. Los directores convierten este viaje de fe en una aventura que el protagonista comparte con un baqueano osco del lugar que sirve como guía para orientarlo a través de las sierras cordobesas. Bottaro y Juncos enfrentan al personaje interpretado por German Silva a un tour du forcé herzogniano donde deberá sortear los desafíos que la plantea la naturaleza, casi la columna vertebral del cine de Herzog, en lo que posiblemente sea la última aventura de su vida. Bottaro y Juncos narran plácidamente, con bellos planos generales de la árida sierra, utilizando bellos lens flare y filmando encuadres en la hora mágica, ese momento donde el sol está oculto y todavía hay luz natural y que envuelven cálidamente al viajero en su aventura testamentaria.

 

Esclavo de Dios, de Joel Novoa (Venezuela, Argentina, 2013 – Competencia Lat), por Matías Orta

1994. Por un lado, Ahmed (Mohammed Alkhaldi), una célula árabe preparado para un acto terrorista. Por otro, David (Vando Villamil), un agente de la Mossad en Argentina. Cuando se produce el atentado a la AMIA, es cuestión de tiempo antes de que Ahmed cometa un segundo atentado, que David deberá impedir.

Esclavos de Dios funciona como un thriller al estilo de los que se filmaban en los ‘70, y también remite a la obra de Paul Greengrass. Si bien nunca alcanza los niveles de genialidad de aquellos trabajos, tiene sus hallazgos (la película no toma partido ni por uno ni por otro, sino que muestra las luces y las sombras de cada bando) y un ritmo que no decae. Vando Villamil está exacto como David y el debutante Mohammed Alkhaldi no se queda atrás, ya que sabe transmitir la vulnerabilidad y humanidad del personaje.

Una película que ya en su Venezuela natal viene generando polémica por su temática (la conflictiva relación entre Israel y Medio Oriente). Por lo tanto, bien vale la pena verla para después debatir. 


 

La Jaula de Oro, de Diego Quemada Diez (México, España, 2013 – Competencia Int), por C.R.

Tres jóvenes guatemaltecos que viven en las más absolutas de las pobrezas y un joven indígena de Chiapas pretenden ingresar ilegalmente a Estados Unidos. Tomando esa premisa argumental, Quemada Diez muestra las vejaciones a las que deben someterse los inmigrantes para ingresar en territorio yanqui, desde esquivar la trata de personas, a ser apresados por policías corruptos de ciudades mexicanas, hasta secuestradores que les piden rescate a sus contactos en USA, Diez juega con esta road movie áspera, que pone en primer plano  la amistad y la lealtad entre los jóvenes que buscan llegar al país del norte a través de una aventura física, visceral, angustiante, dramática. Diez plantea la inmigración como una tragedia, tanto en suelo latinoamericano como en suelo estadounidense donde directamente te vuelan la cabeza si traspasas el muro construido para dividir la frontera con México, pero todo se resume a una secuencia final, casi homenaje al Fast Food Nation de Richard Linklater, donde el protagonista exhausto, ya en California, deberá trabajar de manera ilegal en un frigorífico cárnico y tendrá que constituir si el viaje valió la pena.

 

Mother, de Bong Joon-Ho (Japón, 2009 – Autores), por E.M.D.

El Festival de Mar del Plata, tuvo el honor de contar con la presencia de Bong Joon Ho en el Ambassador para presentar la primera proyección mundial de la versión en blanco y negro de Mother. Una visión oscura y siniestra sobre la figura de una madre, que se empeña de manera enfermiza en demostrar la inocencia de su hijo.  Bong realiza una crítica a la manera en que la sociedad y el Estado lidia con las personas que tienen algún tipo de problema mental y explora las relaciones de fuerza y de poder que existen en la sociedad. Si bien es un film violento, no lo es de manera tan explícita sino más bien sentida hasta las entrañas, como algo que está todo el tiempo presente aunque no lo veamos. Sin embargo, es una violencia palpable.

El director surcoreano se acercó a la sala una vez finalizada la película y comentó que la idea de realizar esta versión surgió hablando con su director de fotografía, como una forma de homenajear los films en blanco y negro de Hitchcock y Kurosawa. Y confirmó que la película fue concebida a partir de la actriz Hye-ja Kim, un ícono y figura maternal en Corea, encarnación de una madre tierna y cálida. Evidentemente, la mirada de Bong era una mirada perversa sobre la realidad como él mismo lo ha dicho, y por eso decide sacarle la locura oculta, su parte más psicótica en esta película en la que todo el peso dramático se carga en ella.  Otra obra maestra en la filmografía de uno de los maestros del cine coreano actual.

 

A Touch of Sin, de Jia Zhangke (China, 2013 – Autores), por C.R.

La violencia está en nosotros.

Jia Zhangke, director fetiche de los festivales de cine en nuestro país, cuenta el presente de China a través de cuatro historias ubicadas en distintos lugares del territorio más grande del mundo, utilizando todo su poderío cinético con un bello y habitual scope que utiliza en casi todas sus películas. La tragedia y la violencia atraviesan los relatos, el minero que busca revancha luego de ser brutalmente golpeado y vuelve en busca de ella, como en High Plains Drifter de Clint Eastwood, al mejor estilo western, su poderío y decisión de resolución están fuera de toda palabra, actúa con la sequedad del imprescindible cine de los setenta, con la misma frialdad y violencia cuenta la historia del fetichista de las armas de fuego y la de una recepcionista de un sauna que deberá resolver los problemas con un cliente de manera atípica. Zhangke muestra una China angustiante, desesperante y violenta, donde pareciera que no hay reglas, no hay ley ni dios presente. Esto recrudece en el cuarto relato, ya en un suburbio de Pekin, donde un joven debe trabajar en un lugar donde se siente deshonrado y tomara una determinación final,  Zhangke la filmara con sorpresa y maestría, al igual que nos viene acostumbrando desde hace muchos años.

 

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