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01.09.15
FECINEU _ Festivales

Crónica del 1º FECINEU: Festival Internacional de Cine Independiente de Neuquén

Los festivales de cine son de gran importancia. Por un lado, funcionan como un espacio fundamental para la proyección de películas que, en muchos casos, son presentadas en sociedad, o que difícilmente puedan tener un estreno en salas comerciales. Por otro, permite que el público pueda tener un contacto directo con los cineastas que suelen acompañar sus creaciones, generándose un rico feedback. Además, es una gran oportunidad para que directores, productores, actores de distintas partes del mundo (o por lo menos, de diferentes ámbitos), puedan conocerse mejor, y hasta cranear juntos próximos proyectos.

Argentina tiene festivales ya consagrados y legendarios, como el de Mar del Plata y el BAFICI, pero nunca dejan de aparecer nuevos, y en diferentes ciudades del país, lo que contribuye a enriquecer culturalmente a toda geografía.

Del 28 al 30 de agosto, Neuquén tuvo su primer festival de cine: FECINEU. Un evento que reunió cortos y largometrajes independientes, argentinos y del exterior, y también producciones que se vienen filmando en la región patagónica y que de otro modo no pueden alcanzar mucha difusión. Además, se puso especial énfasis en la cultura mapuche e indígena en general, a través de obras que permiten reflejar su cultura y su impronta.

El viernes 28 por la tarde, en el Teatro Ámbito Histrión, hubo proyecciones de trabajos orientados al público infantil y juvenil, entre los que se destacó Ronko, a cargo del neuquino Carlos Montoya. A las 19 hs., en la Sala Emilio Saraco, se realizó la presentación. Ante una sala repleta, Ricardo de la Vega (presidente del festival y de Tailu Documentales Educativos) y Héctor Massi (vicepresidente, director de Films Trains, guionista y miembro del jurado) dijeron unas palabras, presentaron a jurados y directores presentes, y enseguida comenzó la primera proyección de films de la competencia: Padre, multipremiado cortometraje de Santiago Bou Grasso, que ofrece una intimista mirada sobre la última dictadura militar, valiéndose de la técnica de animación stop motion. Llegaron más cortos, y luego, los platos fuertes de la jornada: Tembuchakua: Santa Fe de la Laguna, producción mexicana acerca del proceso de realización de una boda dentro de la comunidad indígena purhépecha. Le siguió la marplatense El Hombre que Cuenta, de Omar Magrini; un cautivante collage que combina influencias del cine ruso, la literatura de Eduardo Sacheri (en una versión pasada de ácido, por supuesto), Guy Maddin y hasta Oldboy, lo que da por resultado una obra que nunca deja de funcionar por sí misma. Al terminar la proyección, Magrini y parte de su equipo dieron una agradable charla en la que, entre otras cosas, hablaron sobre hacer cine con muy pocos recursos -aunque muchas ideas-, y aclararon que la película es la segunda parte de una trilogía denominada Cifras. Apenas concluyó la mesa, brindis con copas de Saurus, vino de la Bodega Familia Schroeder, de tierras neuquinas.

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El sábado 29 respetó la estructura de la jornada anterior: durante la tarde, proyecciones para chicos y jóvenes, incluyendo el documental Cine de Pueblo, Una Historia Itinerante, todo un homenaje en vida al director José Martínez Suárez, quien actualmente oficia como director del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. A partir de las 19 hs., la competencia oficial. Los cortometrajes ofrecieron propuestas tan diferentes como logradas: Él Piensa, Ella Piensa, de Federico Pozzi e Iván Stoessel; Retirantes, realización con marionetas dirigida por Maira Coelho, y el extravagante ¿Dónde está Jacobo?, de La Chacra Producciones, productora independiente de Río Negro. Por el lado de los largometrajes, dos documentales que invitan a tomar conciencia: Araucanía Herida, de Juan Krsulovic, acerca de uno de los nefastos episodios ocurridos en Chile durante la dictadura de Pinochet, y Ríos Libres: Se Hace Camino al Marchar, de Gustavo Adolfo Carbonell y Elián Guerin, que sigue a una multitudinaria marcha realizada en el litoral para que no se construyan más represas que afecten el medio ambiente. Cada una de estas obras tuvo su posterior charla con momentos tan emotivos como enriquecedores. El público no dejó de hacer preguntas ni de manifestar cómo las imágenes los movilizaron en lo más hondo, mientras el dedicado personal de la Sala Emilio Saraco ofrecía café a los presentes.

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El festival concluyó el domingo 30, ahora en la sala del Cine Teatro Español. Las primeras proyecciones tuvieron a El Secreto de Lucía, de Becky Garello, con Emilia Attias y Carlos Belloso, como su exponente más destacado. Pronto llegaron los últimos films de competencia. Entre los cortos resaltó el desopilante Hasta que la Celda nos Separe, de origen portorriqueño. En cuanto a los largometrajes, primero le tocó a Tejiendo Relatos, de Clara Calvet y Sebastián Riveaud; un documental sobre las mujeres tejedoras de la región andina de Bolivia. Y para finalizar, en carácter de preestreno, Eso que Llaman Amor, ficción que contó con la presencia de la directora Victoria Chaya Miranda y de Laura Cymer, una de sus protagonistas. Esta película, al igual que gran parte de las producciones programadas, es de carácter independiente de verdad, ya que no cuenta con el apoyo de organismos fuertes y, como en la mayoría de los casos, obtuvo financiación mediante campañas por crownfunding.

Concluida la función, se realizó la ceremonia de premiaciones. Ricardo de la Vega agradeció a todas las personalidades y organismos que prestaron ayuda para la realización del festival, como Pablo Bongiovanni, Presidente de Fundación Banco Provincia, y Jorge Azcurra y Pablo Romero (nombres cruciales para poder usar el Español) y a la Subsecretaria de Cultura de la Municipalidad de Neuquén. También hubo agradecimientos a los sponsors, a los cineastas presentes, al público que estuvo acompañando cada cita cinematográfica.

El jurado, compuesto por Massi, Luisa Huencho (Confederación Mapuche de Neuquén) y Matías Orta (director a A Sala Llena) otorgó los siguientes premios:

-Mejor Corto Indígena: Retirantes, de Maria Coelho (Brasil)

-Mejor Largometraje Indígena: Araucanía Herida, de Juan Korselovich (Chile)

-Mejor Director Corto: Santiago Bou Grasso, por Padre (Argentina)

-Mención de Público y Jurado: El Hombre que Cuenta (Argentina)

-Mejor Corto Libre: Él Piensa, Ella Piensa (Argentina)

-Mejor Dirección: Victoria Chaya Miranda, por Eso Que Llaman Amor (Largometraje, Argentina)

-Mejor Largometraje: Ríos Libres: Se Hace Camino al Marchar, de Gustavo Adolfo Carbonell y Elián Guerin (Argentina)

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A modo de perfecto cierre, antes de la performance de la Compañía Fuera de Eje (dirigida por Facundo Rodríguez), Massi leyó un mensaje enviado por José Martínez Suárez, en el que le da su bendición al festival.

“Si querés un trabajo horrible, probá ser pionero”, supo decir Julia Philips, productora de Taxi Driver y Encuentro Cercanos de Tercer Tipo, la primera mujer en ganar el Oscar en su rubro. Si bien el trabajo de De la Vega y sus colaboradores fue placentero, siempre es duro ser los iniciadores de un emprendimiento novedoso o poco realizado. Pero el paso fundamental para la concreción de todo proyecto siempre es el primero. Y fue un primer paso muy alentador: 300 espectadores en tres días; siete premios (cuatro para directores y producciones nacionales, tres para films internacionales), largometrajes con charlas por parte de sus creadores; un público entusiasmado, pidiendo por más…

FECINEU: Festival Internacional de Cine Independiente de Neuquén es una realidad, y no hará más que crecer. El recorrido apenas comienza.

Matías Orta

orta@asalallena.com.ar

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