Festivales

02.05.21
Festivales

FICIC 2021 | Foco Pablo García Canga, por Eduardo Elechiguerra

“No me importa ser artista. No quiero ser importante. No me importan las ideas. Solo quiero dibujar. Cuando dibujo, soy feliz”. Estas palabras dichas en Retrato en dos tiempos (2016) podrían condensar el espíritu presente en gran parte de la obra realizada hasta ahora por Pablo García Canga (Madrid, 1981). Sus personajes están en los márgenes entre el arte y el disfrute, el cine y la vida, el amor y la desilusión. Tal marginalidad se muestra no en su status social, sí en el tono anestesiado de sus voces, incluso en la del propio Pablo cuando narra algunas obras. 

También son marginales muchas de las maneras de compartir tales goces, desde cartas o llamadas telefónicas, entre desacuerdos amorosos y amistosos. El mismo placer de estos personajes por el cine está matizado por referencias indirectas. Incluso la duración de las obras, todas por debajo de los cincuenta minutos, las ubica en el circuito alterno de lo efímero.

Tomemos La nuit d’avant (2018) por ejemplo, que forma parte del foco dedicado al realizador en la 10ª edición del Festival Internacional de Cine de Cosquín. Una mujer habla por teléfono y le narra la trama de una película recién vista a su interlocutor. De él solo oímos el murmullo de sus respuestas, no lo vemos. Ellos podrían ser dos amigos cercanos, amantes o novios si interpretáramos en exceso los rojos de la puesta en escena o el vestuario. Cualquier afán de precisión nos obligaría a buscar el título de la película sobre la que conversan, probablemente una obra real considerando lo cinéfilos que suelen ser los personajes de García Canga. Pero si hay algo claro es que en la voz sedada de la protagonista hablando sobre esta película de la década de los 40, se trasluce su propia vida. Hay instantes donde los interlocutores se confunden si hablan de la obra o de la noche.

Otro indicio de esa marginalidad es la correspondencia y el diario íntimo frecuente entre los personajes. Por un lado están las cartas escritas que los narradores leen como en De l’amitié (2018), también escogida para el foco. La correspondencia anímica y simbólica se plasma en la carta escrita por el protagonista a un amigo. En el canal de Vimeo del realizador también se consiguen obras anteriores donde la correspondencia es audiovisual por parte de Pablo y el destinatario solo es mencionado. Con su narración en Carta a Luis (2006) aprovecha para citar posibles proyectos, como el del director Antonio Drove Shaw. Pero antes en sus cartas destinadas a Fernando Ganzo  y a Paco (2011 y 2012), no hay palabras dichas, solo escritas como incisos entre las imágenes. Estas obras parecen diarios íntimos si bien tienen la brevedad de las cartas. Además los destinatarios iniciales están mencionados tan pocas veces que como espectadores somos menos intrusos de lo usual cuando leemos o vemos correspondencias entre otros.

Por su lado, otra escogida para el foco es Para Julia (2004). Es una mezcla entre diario íntimo y cartas donde García Canga atraviesa la separación de su exnovia incluyéndola en la obra. Es Julia quien lee cartas de su amado con vos distante y quien mira a la cámara con ojos de interpelación. Mientras, la caligrafía de Pablo nos narra  a modo de diario su recorrido y un adiós a la relación de ambos entre dibujos, una cámara temblorosa y cortes abruptos.

En medio de estos diálogos, hay varias influencias en la obra de García Canga aparte de François Truffaut y Philippe Garrel. Algo de El Dinero (1980) de Bresson se delata en los planos detalle cuando venden las obras completas de Mallarmé en De l’amitié por la fijación en las manos de los protagonistas. También el ensayo reiterado de Bresson con sus actores no profesionales persiste en las voces monocordes enfrentando un entorno inhóspito. Algo de la torre babélica de ciertas películas de Manoel de Oliveira: personajes que hablan francés, español e inglés; quienes a veces no se entienden del todo entre sí pero siguen conversando. Y además de haber escrito Ozu, multitudes, libro a partir de fotogramas de su obra; algo de la infancia recurrente en sus primeras películas está en Hemos jugado, pero… (2011), sobre una academia de fútbol para niños en Buenos Aires.

En medio de todo esto podríamos preguntarnos qué tiene de marginal un realizador influenciado por autores tan significativos para el cine y además escogido para el foco de un festival como Cosquín. Una respuesta posible es que sus citas autorales son indirectas, como lo hacen quienes se reconocen de manera consciente e inconsciente dentro de una tradición. Pablo pertenece a ella porque su manera de tomar tales influencias no distraen sus propios acercamientos al desamor, la amistad y las correspondencias entre tales.

© Eduardo Alfonso Elechiguerra, 2021 | @EElechiguerra

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

COMENTAR

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

COMPARTIR

© A SALA LLENA.