Festivales

07.02.21
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#IFFR2021 | Recorrido por el Festival Internacional de Cine de Rotterdam, por Fredy Friedlander

Sobre la edición número 50 del Festival Internacional de Cine de Rotterdam (IFFR) que tuvo por primera vez su versión online

El evento fue creado1972 por Hubert Vals, siendo al principio no competitivo hasta 1995 en que empezó a otorgarse el premio Tiger. De esa manera se agregó un animal salvaje más a la lista de los ya existentes en Venecia, Berlín y Locarno. Curiosamente solo Cannes es el único de los cinco Grandes Festivales de Europa que (con su “Palma”) no exhibe esa característica. Entre 1996 y 2003 el director del Festival fue Simon Field, excelente profesional al que tuvimos la grata oportunidad de conocer en nuestro BAFICI durante la gestión de Quintín. 

Este año el número de largometrajes se redujo significativamente (apenas superando los cuarenta) pero la sección principal que otorga el Tiger se amplió a dieciséis films. Cabe señalar que se trató en todos los casos (como suele ocurrir) de “óperas primas” en el largometraje. Las demás secciones, además de aquella dedicada a cortometrajes, fueron “Big Screen Competition” y “Limelight (Showcase)”.

Tiger Competition

Lo primero que cabe señalar es que ha sido muy equilibrada su composición, al estar presentes, con sus films, los cinco continentes. 

América estuvo representada por tres películas procedentes de Brasil, República Dominicana (coproducción con Puerto Rico) y Estados Unidos. Este último país compitió con Mayday de la debutante Karen Cinorre, una de las pocas obras que también participó del Festival de Sundance. Se trata de un film integrado por mujeres en los roles principales. Ellas conforman un ejército (quizás imaginario), ya que al mismo ingresa, mediante un sueño, Ana (Grace van Patten). Ella pasa a integrar un pequeño contingente bélico junto a Masha (Mia Got), Gert (la francesa Soko) y Bea (Havana Rose Liu). Hay algunas escenas destacables, con lograda coreografía, como cuando Ana instruye a una docena de jóvenes militares, todos hombres. O también otra donde unas doce mujeres protagonizan un bello ballet acuático (en los títulos se confirma que es una troupe artística). El film fracasa en su estructura de cine fantástico y, solo para nostálgicos, cabe señalar, en rol menor, la actuación de Juliette Lewis, quien también aparece en el film Music. 

Madalena, filmada en el Oeste de Brasil (Matto Grosso do Sul), aporta bellas escenas de campo con ñandúes, cuyas cabezas sobresalen de los campos de soja, y un tema grave como es el asesinato de transexuales en dicha región. El nombre refiere a uno de los personajes centrales, tratándose claramente de un film de denuncia. 

De Europa sobresale Landscapes of Resistance de Marta Popivoda, proveniente de Serbia. Se trata de un poderoso documental, cuyo personaje central, Sofía Sonja Vujanovoc, falleció hace casi dos años. Su testimonio queda impreso para siempre ya que, gracias a su lucidez y pese a su avanzada edad, se ofrecen detalles terribles que no por conocidos dejan de impactar. Sofía estuvo en cinco campos de concentración y detención (incluyendo Auschwitz), y su gran valentía le permitió sobrevivir e integrar el cuerpo de partisanos de la entonces Yugoslavia de Tito. Cuando ya casi no quedan testigos de la barbarie nazi, que culminó en 1945, este documento se revela muy valioso por contribuir a la Memoria de crímenes que, como dice uno de los entrevistados, “no tienen medida humana”.

En cambio I comete – A Corsican Summer, francesa filmada en los alrededores de Ajaccio, es auténticamente decepcionante no sólo por su duración, superando las dos horas, sino por su vacío contenido. no hay un hilo narrativo ni un personaje central destacable, sino una gran cantidad de historias paralelas. Asimismo se observa en ella mucho pintoresquismo (campesinos en los bares, procesión de la Virgen, muchas ovejas en los campos, etc), aunque hay dos escenas que sacuden la modorra del espectador, en particular una en la que una muy atractiva joven habla con alguien a quien nunca vemos. Lo que este le propone y ella realiza pocas veces se ha visto en un film cuyo resto no abunde en escenas subidas de tono. Para quienes conozcan Córcega, queda el atractivo de escuchar a sus pobladores empezando a hablar en francés, luego pasando al italiano y volviendo una y otra vez a cambiar de lengua (o dialecto). 

Del resto europeo solo cabe agregar un mínima referencia a la española Destello bravío, que parafraseando su título los tiene pocos. Transcurre en Pueblo de la Reina, provincia de Badajoz, donde varios jóvenes, hartos de la quietud de la zona, parten hacia las grandes ciudades.   

De China, que tuvo varias películas, se destaca Bipolar de la debutante Queena Li. Su film es en blanco y negro salvo algunas pocas imágenes en colores en que toma protagonismo una langosta (lobster). Pero quien monopoliza la mayoría de las escenas es una joven que viaja al Tibet en tren turístico. Su objetivo final, luego de pasar por Lhasa (bellas imágenes montañosas y arquitectónicas), es visitar el Ming Island Lighthouse. Una vez arribada allí comprobará que, como ocurre a menudo, le vendieron una tourist trap. Pese a que la rica trama resulta fácil de seguir es probable que al público occidental se le escapen, como a este cronista, ciertas sutilezas religiosas y expresiones chinas, difíciles de traducir literalmente.  

Podría compararse al film chino con el tailandés The Edge of Daybreak, de parecida extensión y estética (blanco y negro, buen manejo de la cámara); pero a eso se reduce la similitud, ya que la estética supera en mucho al escaso contenido. En verdad hay ciertas similitudes con los films del más conocido realizador de Tailandia, cuyo nombre por complicado y largo se omite. 

De África llega la película tunecina Black Medusa, que inteligentemente se divide en “nueve noches”, con un personaje femenino interpretado por Nour Harji (vista en Les Epouvantials / Los espantapájaros, en Venecia 2019). Se trata de un film que en un festival idealmente se proyectaría “a medianoche”, dado lo oscuro del personaje central. Es por las noches que esta femme fatale se transforma en un ser cercano al arquetípo de una mujer vampiro. Una propuesta interesante de un joven director debutante que promete, Ismael Yosseff Chebbi.  

Cerrando la competencia mayor, ni Gritt de Noruega, ni Bebbia, a mon seul désir de Georgia, ni Agate Mousse del Líbano ni la australiana Friends and Strangers merecen más que una mención de su título.

Otras competencias

“Big Screen Competition” es el nombre de la segunda sección importante del Festival. A diferencia de la anterior, en ella participan películas de realizadores no debutantes. 

Allí se posiciona el único largometraje argentino en Rotterdam y uno de los de menor duración. Se trata de El perro que no calla, sexto film de Ana Katz, cuyo protagonista central es su propio hermano, Daniel, al que ella hace debutar cinematográficamente. Su Sebastián es un joven que, como muchos actualmente en Argentina, están sin trabajo o escasamente ocupados. Se trata en verdad de viñetas, no todas igualmente logradas, y donde se ve brevemente desfilar a algunos buenos intérpretes como Carlos Portaluppi y  “al perro que no calla”, a Valeria Lois y a Julieta Zylberberg, entre otros. Hay algunos destellos como la incorporación de unos dibujos en blanco y negro, pero salvo el mensaje sobre la desocupación, no sobresale dentro de la interesante carrera de Ana Katz. Lo que resulta curioso es que haya mostrado una escena en que, como consecuencia de la caída de  un meteorito, la gente empieza a usar máscaras. Y estas se parecen mucho a las que ahora, en plena pandemia, lucen muchas personas. ¿Casualidad o causalidad? De todos modos es elogiable que el film haya sido el único de Argentina (y uno de los pocos del mundo), elegido simultáneamente por Sundance y Rotterdam. 

Dado que hemos preferido concentrarnos en la Competencia por el Tigre, no es mucho lo que se puede agregar sobre esta sección. De lo visto interesa otro film, aún más corto que el argentino (apenas setenta minutos), de un director japonés con una decena de obras en su haber. Yoshida Koto dirigió Sexual Drive de una manera bastante ingeniosa ya que sus tres capítulos, que llevan cada uno el nombre de una comida, terminan relacionándose entre sí. El tema de los celos de un marido, o el de un accidente de tránsito donde por un ataque de nervios la protagonista casi mata a otro personaje, conforman momentos atractivos de una obra menor pero donde todo encaja. 

Por último, la sección “Limelight” (literalmente Candilejas) presenta películas ya exhibidas en otras muestras internacionales. Dear Comrades! de Andrei Konchalovsky marca el regreso con todo del director ruso, en una fuerte crítica a Stalin donde el recurso del blanco y negro (y sus grises) está bien justificado. Suzanna Andler, con Charlotte Gainsbourg y el ascendente Niels Schneider, es en cambio un opaco film teatral basado en una obra de Marguerite Duras y dirigido por el flojo Benoit Jacquot.  

 

© Fredy Friedlander, 2021 

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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