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13.09.20
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#TIFF20 | Penguin Bloom, por Carla Leonardi

Sanando las heridas:

Las historias que tratan sobre acontecimientos traumáticos suelen generalmente estar acompañadas de la comunicación de un mensaje de superación. Este escollo es difícil de sortear por la estructura misma de la situación, pero acaso la clave esté en qué elemento se ponga el acento: si en la transformación psicológica del personaje o en el subrayado explícito que se dirige al espectador.

Penguin Bloom (2020) del realizador australiano Glendyn Ivin, es un película dramática basada en el best seller-homónimo de Cameron Bloom, en el cual narra la historia real del “extraordinario pájaro que salvó a nuestra familia”. 

La película está narrada a partir de la voz de Noah, el hijo del medio de la familia Bloom, en calidad de testigo participante del inesperado traumatismo sufrido por su madre Sam (Naomi Watts) y de los cambios que a partir de esto se producen para toda la familia.

El prologo recorta el comienzo de un video que Noah está realizando en el cual se evocan los últimos momentos felices de la familia; allí sobresale el espíritu aventurero de la madre, a quien le gustaba surfear junto a sus hijos.

Durante las vacaciones en Tailandia, la fatalidad hace que Sam caiga de espaldas al vacío desde una terraza al ceder una vieja y derruida baranda en la que estaba apoyada. A poco avanzar, sabemos que ha conservado la vida, pero que ha quedado paralítica de los miembros inferiores.

En un comienzo, el estado depresivo de Sam es notorio. Consciente de sus limitaciones físicas y confinada en una silla de ruedas, le cuesta aceptar su nueva realidad. Se aísla del exterior, evita el contacto con sus amistades y permanece mayormente en la cama. Desesperanzada, no logra hallar una causa por la cual vivir. El amor de y por su esposo o sus hijos no es motivación suficiente.

La casualidad hace que un día Noah encuentre cerca de la playa un pichón de urraca lastimado que ha caído de su nido. Con la aceptación de sus padres, el niño decide cuidar de él en su casa hasta que sane y pueda volar. Lo bautiza “Penguin”, debido a su color blanco y negro, deviniendo un miembro más de la familia.

Cuidar de este pájaro es para Noah el vehículo lúdico mediante el cual tramitar el tormento interior de la culpa que lo carcome por haber sido él quien tuvo la idea de subir a la terraza donde la madre encontró la fatalidad. Y se abrirá para él el horizonte de distinguir entre culpa y contingencia.

En un primer momento, Sam establece una relación distante y de rechazo hacia ese pájaro que claramente le recuerda a ella. Pero poco a poco, la intrépida urraca consigue que Sam se fije en algo externo a ella misma, que pueda salir del regodeo en su propia melancolía.

Entre Penguin y Sam se establece entonces un vinculo de mutuo afecto y cuidado. Así el camino de sanación física de Penguin, representante simbólico de la protagonista, organiza el relato al discurrir en paralelo al cambio de posición subjetiva de Sam respecto de su trauma. El animal le permite a Sam encontrar la fuerza para para vencer sus temores e internarse en terrenos y actividades hasta entonces desconocidas para ella (algo que acompaña el trabajo con la luz y el pasaje de planos cerrados a planos más abiertos).

Una de las claves de la película es la interpretación de Naomi Watts para encarnar a una Sam que conmueve, dada la naturaleza misma de la historia, pero sin caer en patetismos exagerados. En este sentido, el mérito de Penguin Bloom se encuentra en el logro de un delicado equilibro; razón por la cual evita tanto el facilismo new age de superación del tipo manual de autoayuda como la sensiblería propia de los personajes discapacitados cuando se construyen desde el lugar de la lástima autocomplaciente.

 

 

© Carla Leonardi, 2019

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

(Australia, Estados Unidos, 2020)

Dirección: Glendyn Ivin. Guion: Cameron Bloom, Bradley Trevor Greive. Elenco: Naomi Watts, Andrew Lincoln, Rachel House, Jackie Weaver, Gia Carides. Producción: Steve Hutenski, Emma Cooper, Jodi Matterson, Bruna Papandrea, Naomi Watts. Duración: 95 minutos.

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