01.02.12
Presentaciones y Conciertos

Quilapayún, Homenaje a Victor Jara en el Teatro Sha

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Miércoles 25 de enero
Eduardo Carrasco: Quena, vientos y voz / Carlos Quezada: Congas, percusionista  y tenor.
Rubén Escudero: charango y voz / Ricardo Venegas: voz, quena y guitarra criolla.
Ismael Oddó Mendez: guitarras, teclado y voz / Ricardo Venegas (hijo): bajo y voz.
Fernando Carrasco: guitarra, charango, quena, acordeon y voz / Danilo Donoso: percusión y  voz.

Levántate y mírate las manos
Para crecer, estréchala a tu hermano
Juntos iremos unidos en la sangre
Hoy es el tiempo que puede ser mañana

…y de ésta manera comenzó el viaje hacia el corazón del pasado, que despierta y vuelve cuando lo cantamos, cuando lo liberan en su canto. Todos ellos, sus ponchos negros, sus destellos tan individuales y poderosos, entremezclados en una armoniosa comunión. Voces expandiéndose, brotando desde los recovecos del escenario. Presencia. Este concierto surge en homenaje al gran artista chileno Víctor Jara, a quién conocieron en una peña en Valparaíso allá por el año´66 y le propusieron ser el director artístico del grupo Quilapayún, dejando una huella imborrable no sólo en la historia del grupo, sino también en la historia de la música de Chile, en el nacimiento de la Nueva Canción Chilena, una canción de protesta y solidaridad con el pueblo, de contenido socio-político-emocional y artístico, sensible, de una excesiva simpleza, del día a día, de la realidad, de la lucha y sus fuerzas, de la justicia social por religión y la revolución desde el arte como bandera.

Fue una noche de ferviente pasión, estos hombres llevan la memoria en el cuerpo, la vivencia en sus almas, la música para contarla…y de ésta manera descendió de los cielos la bellísima  Plegaria a un labrador, canción que los llevó a ganar el 1er Festival de la Nueva Canción Chilena, y que nos transporta al espíritu de la Unidad Popular, a Salvador Allende, al optimismo, al trabajo, al compromiso. Luego, La canción del minero, con sus guitarras a tierra, su bombo legüero, sus voces que abrazan y elevan, danzando en un ritual de sonoridades y texturas, eligiendo, ellos, canciones para mostrar que han anclado en su piel y que brotan mágicamente, como Te recuerdo Amanda, Paloma, quiero contarte, ambas escritas en la primera separación de Victor y Joan, su mujer, debido a su viaje a Londres por una beca para estudiar teatro, porque aunque Victor sea popularmente conocido como cantor, en realidad era actor y director de teatro, siendo muy distinguido en esos asuntos.

Otras de las canciones rendidas en homenaje fueron Herminda de la Victoria, incluída en el disco La Población que habla de una beba asesinada por un balazo en plena trifulca entre los carabineros y los pobladores que estaban ocupando el terreno para poder construirse sus viviendas; Manifiesto, su canción tal vez más profética, Con el alma llena de bandera y El Aparecido, dedicada al Che Guevara. Durante todo el concierto fueron recordando anécdotas, introduciéndonos a la historia de las melodías que fueron desplegando. No hay que olvidar que ellos son un grupo que vivió prácticamente en el exilio, ya que cuando fue el Golpe de Pinochet en Chile, se encontraban de gira por Europa y allí se quedaron, retornando, algunos, muchísimos años después, sin bajar nunca los brazos, continuando con la misión que les había sembrado la música, denunciando injusticias y proclamando un mundo más sincero.

El humor juega un rol fundamental en todo lo que tienen para decir y su teatralidad se hace lucir en ese papel que eligen desplegar, haciendo de la alegría y el ingenio medios para comunicar. La segunda parte del espectáculo fue enteramente quilapayunesca, de temas propios como La batea, Malembe, La Muralla, Mi Patria, Juana la Cubana, y  Dónde está la que quiero, entre otras, para cerrar con El Pueblo Unido Jamás Será Vencido,  en un jolgorio de energías contagiosas, cerrando el ciclo de conciertos que dieron en nuestro país.
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