16.10.15
Backstage _ Novedades

En la ruta de Ataúd Blanco

Jueves 8 de octubre. 10 hs.

Dentro de uno de los estudios de Cámaras y Luces, en Palermo, se desarrolla la penúltima jornada de rodaje de Ataúd Blanco, la nueva película de Daniel de la Vega, responsable de Hermanos de Sangre y Necrofobia, entre otras. Las escenas a grabar incluyen un coche fúnebre y pantallas verdes.

Los técnicos colocan vías para carro de travelling, trasladan faroles, cambian las pantallas verdes de lugar. En un costado, el director, animado, charla con los medios presentes. Más allá, otros miembros del equipo comen y beben algo de la mesa de catering y charlan. Martín Armoya, asistente de dirección, cuenta que esta es una jornada más tranquila, y por eso trajo a su pequeño hijo, a quien lleva a recorrer el set.

De la Vega se hace un hueco para dialogar con A Sala Llena. La primera pregunta se relaciona con el origen del proyecto, que data de mucho tiempo atrás: “Llevó ocho años concretarlo, y la verdad es que estamos muy felices de estar terminándolo. Fue muy difícil hacer la película, sobre todo para mí: es una road movie, los presupuestos son otros… Es una película grande. Pasé de la claustrofobia de Necrofobia a la expansión de los horizontes en Ataúd Blanco. Es una película diferente a lo que estoy habituado a hacer. Una película grande, con actores como Julieta Cardinali, que elevó la película y estamos muy felices de poder contar con ella. La verdad es que nos entregó una interpretación muy buena. También Eleonora Wexler y Rafa Ferro. Un privilegio. Ojalá guste la película. La estamos haciendo para la gente, así que ojalá guste”.

En cuanto al argumento, el director sostiene que “básicamente, es una historia de decisiones. Es un personaje que, una vez que sufre un accidente, tiene la oportunidad de elegir entre la vida y la muerte. Tiene la opción de volver a la vida un día, y ese día lo puede aplicar para rescatar a su hija, que ha sido secuestrada. Elije hacerlo, y descubre que lo mejor hubiera sido estar muerto”.

El guión corrió por cuenta los hermanos Adrián y Ramiro García Bogliano, quienes, como De la Vega, vienen del género de terror, con obras como Sudor Frío y Penumbra: “Empezamos a trabajar hace ocho años. Yo quería trabajar con ellos porque eran referentes del cine de género en Argentina. Yo sabía que se iban a convertir en lo que hoy son: directores y guionistas consagrados. Fue un acto de fe y nos encantaba la idea de hacer algo juntos. Había respeto y admiración mutuos, sólo que nos llevó años llegar a este punto”.

Con respecto a las escenas correspondientes a esta jornada, no tiene problemas en dar detalles: “Como es una road movie, muchas de las escenas las filmamos con trasfondos verdes para tener control de los climas y de los encuadres. A veces, cuando vos trabajás en exteriores, tenés poco control por varios elementos, y no podemos lograr los climas que realmente queremos. Hemos trabajado con niños en esta película, por ejemplo. Trabajar con niños es mucho más difícil. Hemos reproducido condiciones de exterior en interior para lograr que los encuadres, los zooms, los travellings, los climas y las actuaciones quedaran acorde a lo que queríamos. Logramos el efecto verosímil de intervenir exterior con interior. En ese sentido, fue para lograr algo estéticamente superior, digamos”.

11:35.
El equipo ultima detalles. Armoya y más asistentes ya están ubicados frente al monitor. A unos metros, como testigo impasible del quehacer cinematográfico, el objeto del título: el ataúd blanco.

De la Vega habla con sus asistentes sobre la escena a filmarse. El clima sigue siendo relajado. El equipo trabaja tranquilo, pero bien, sin correr. La cámara está prepara para un primer plano del conductor del vehículo, desde afuera del parabrisas. Incluye pequeño travelling hacia adelante. Se hacen pruebas. Una de las asistentes hace de doble de luz en el asiento del conductor. De la Vega supervisa todo.

12:15.
Listos para grabar.

Una demacrada Julieta Cardinali llega al set y se sienta frente al volante. Aparece en el monitor, tomada en un primer plano. Recibe los últimos retoques de maquillaje.

Piden silencio.

Cada uno en sus puestos.

Sonido, cámara… y el mismísimo director, junto al vehículo y a la actriz, canta “Acción”. Una asistente agita el pelo de Julieta con un expulsor de aire, para dar sensación de viento colándose por la ventanilla del auto yendo a gran velocidad. No convence. Va nueva toma. Sonido, cámara, viento, ¡acción! Corte. Nuevas indicaciones. Acción. Corte. De nuevo. El viento cubre casi toda la cara de  Cardinali, quien se ríe. “No te desconcentres, Juli”, dice uno de los asistentes, con buena onda. Acción. Corte. Acción. Corte. Ambas tomas convencen a Daniel. Igual, va otra. Viento, acción, y tras dos tomas adicionales, listo. Aprovecharan la puesta para planos en los que el personaje hace llamados. Rafael Ferro, aun no apareciendo delante de cámara, se acerca para tirar líneas a  Cardinali. De la Vega explica cómo será el plano, se ensaya.  Cardinali simula hablar por celular. A un metro, guión en mano, Ferro lee sus líneas; es la voz que luego se escuchará en off. Tras algunas pruebas, todo okey para grabar. El asistente pide silencio. Sonido, cámara, y de la Vega canta “Acción”. Corte. El director le da nuevas indicaciones a ambos, sobre todo a Julieta. Va toma 2, pero corta enseguida. Toma 3. En cada momento, fuera de campo, un integrante del equipo mueve el vehículo para dar la sensación de que está en marcha.

Nuevo plano, misma puesta, otra vez con la máquina de viento. Acción. Julieta simula que conduce rápido, mira atrás, como huyendo. La cámara se mueve para sumar movimiento. Agitan más el coche. Toma 2. Toma 3. Toma 4. Listo.

Entre toma y toma, Armoya pasea con su hijo, quien mira atento por el monitor, sabe decir “Corte” y “Acción” y hasta usa la claqueta. Todo un pichón de cineasta.

Otro plano de la misma situación, ahora la cámara ubicada junto a la ventanilla del asiento del conductor, tomando a  Cardinali en primer plano de perfil izquierdo. Acción. Daniel opera la cámara, la mueve un poco para imprimirle nervio a lo que quiere narrar. Da alguna que otra indicación por encima del ruido del aparato de viento. Corte. Toma 2. Los asistentes notable que el pelo le cubre mucho la cara a la actriz. Toma 3. Hecha.

Julieta termina su parte, se pone a cantar “Viento, dile a la lluvia”, de Los Gatos, mira un poco cómo quedó la reciente toma. Daniel de la Vega y su equipo se preparan para almorzar antes de seguir.

Así concluye nuestra cobertura de la penúltima jornada de grabación de Ataúd Blanco. Una película que deparará buenas dosis de entretenimiento y oscuridad, como sólo el director sabe plasmar en la pantalla. El resultado final se verá a mediados de 2016.

 

Matías Orta

orta@asalallena.com.ar

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