Peliculas malas que amamos

19.02.21
Peliculas malas que amamos

Cristian Calavia: Mortal Kombat

A mediados de los noventa Hollywood ya había intentado replicar el éxito y la popularidad de los videojuegos en la gran pantalla con Super Mario Bros. (1993), Street Fighter (1994) y Double Dragon (1994). Los resultados fueron rotundos fracasos artísticos y comerciales que comenzaron a despertar cierto prejuicio sobre este tipo de propuestas. Al momento del inicio del rodaje de Mortal Kombat (1995), la saga gamer en la que se basaba la película contaba con tres entregas, millones de fanáticos alrededor del mundo y una amplia mitología que continúa extendiéndose al día de hoy.

El argumento introduce a Lord Raiden (Christopher Lambert), dios del trueno y protector de la Tierra, quien reúne a Liu Kang (Robin Shou), Sonya Blade (Bridgette Wilson) y Johnny Cage (Linden Ashby) para que representen a la humanidad en un torneo milenario organizado por el malvado hechicero Shang Tsung (Cary-Hiroyuki Tagawa). Exageradamente en desventaja, los héroes deberán jugarse la vida para evitar que el actual campeón gane su décimo título consecutivo y logre abrir el portal que le permita al emperador Shao Khan invadir el planeta.

Por supuesto, como en toda adaptación, se debieron hacer cambios y concesiones para llegar a un argumento que se ajustara al formato cinematográfico: la inclusión de la princesa Kitana y una versión joven del villano Shang Tsung, ambos pertenecientes al segundo juego de la franquicia; la presentación de Sub-Zero y Scorpion como súbditos del hechicero y no como miembros de clanes rivales; la muerte temprana de personajes icónicos, etc. Cambios más que sustanciales, en definitiva, para cualquier purista.

En Argentina la expectativa también era alta. El canal de televisión abierta ATC emitía diariamente Top Kids, dedicado a los videojuegos. El programa también tenía una revista mensual que venía con una figura articulada coleccionable de los personajes de Mortal Kombat. Casi en simultáneo comenzaron a llegar a los kioscos de revistas los comics basados en Raiden y sus guerreros protectores de la Tierra. Todo esto hizo que el fandom local se acrecentara exponencialmente de cara al estreno.

Vista en retrospectiva, la gran cantidad de personajes que presenta la película hace que ninguno llegue a desarrollarse demasiado, que no haya lugar para subtramas de ningún tipo y que la prolongación de los actos quede desbalanceada. Ni hablar del plot point caprichoso y forzado que surge en el guión para dar pie al enfrentamiento final entre Liu Kang y Shang Tsung en el Outworld, o el notorio descenso del nivel de violencia en relación al videojuego para lograr una calificación que permitiera a los adolescentes entrar a las salas.

En contraposición, los puntos fuertes del film dirigido por el aquel entonces ignoto Paul W.S. Anderson radican en el ritmo vertiginoso de las escenas de lucha (Robin Shou fue el encargado de coreografiar todos los reshoots) y en unos efectos especiales de impacto para la época. A eso también hay que sumarle un trabajo de vestuario y maquillaje respetuoso del diseño original de los personajes y una puesta en escena detallista y arraigada a la iconografía del videojuego.

Todos esos factores confluyeron para romper la maldición a la que parecía estar destinado este subgénero un cuarto de siglo atrás. No sólo porque con un presupuesto de 18 millones de dólares recaudó más de 120, sino porque Mortal Kombat fue la primera adaptación del arcade al celuloide que logró –con sus defectos y virtudes- trasladar la esencia de la historia original de un soporte a otro, ganándose un pequeño pero merecido lugar en la cultura popular.

© Cristian Calavia, 2021 | @untalcalavia

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