A Sala Llena

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Sebastián Vivarelli | Cobra

Sebastián Vivarelli | Cobra

Si alguien sabe de resistencia, es Sylvester Stallone: defendió su guion -y protagónico- en la primera Rocky (1976), soportó los sucesivos Premios Razzie (anti Oscars), sobrevivió a la golpiza de Ivan Drago durante el rodaje de Rocky IV (1985). ¿Entonces, qué podía impedirle escribir otro guion?. Basado en la novela Fair Game de Paula Gosling, Sly escribió la historia y confió la dirección a George Cosmatos, quien ya había dirigido Rambo: First Blood Part II.

Cobra surge en plena década del 80, cuando primaba el culto al cuerpo y las prédicas de Ronald Reagan eran religión. Con Schwarzenegger y Stallone como principales emblemas (sus rostros y músculos eran marcas registradas), se exaltaba la lucha contra el “enemigo”: sea para recuperar territorios, rescatar soldados o imponer ideologías. Las armas -y los cuerpos devenidos sus extensiones- funcionaban como elementos disuasorios. Como sintetiza Sebastián De Caro en su libro La máquina de chicle y neón: eran el espectáculo hecho cuerpo que pelea”.
La película comienza con la imagen de una cobra. El plano se abre hasta mostrar que está impresa sobre el mango de un arma. Mientras una voz en off detalla los crímenes que se cometen en EE.UU., el arma nos apunta… y dispara. La primera aparición de Cobretti deja en claro sus métodos. Y su ideología. Es Navidad y hay una toma de rehenes en un supermercado. La policía, harta de negociar con el delincuente, llama a Cobra (integrante del “grupo zombie”, ergo último recurso). El teniente llega a toda velocidad en su Mercury negro. Ingresa al lugar y se enfrenta cara a cara al captor, quien le exige negociar su escape. Cobretti, parco, le responde: “No hago trato con psicópatas, los encierro. Eres una enfermedad y yo soy el remedio.” Acto seguido le dispara a quemarropa y lo mata, ante la mirada horrorizada de los rehenes. A esta tormenta de violencia le sigue la calma. Cobra vuelve a su departamento de soltero (no sin antes adoctrinar a sus vecinos latinos), prende la tv y limpia -con suma dedicación- su arma. Lo que sigue, es todo menos original: una secta de fanáticos neo-fascistas (autoproclamada Nuevo Mundo) quiere eliminar a los más débiles para que los más fuertes gobiernen el mundo (¿les suena?). Por azar, una modelo (interpretada por Brigitte Nielsen, esposa de Stallone en aquel momento) presencia un asesinato cometido por la banda. ¿Quién será el encargado de protegerla y enfrentar a los asesinos?: Marion Cobretti. Los criminales respoden a un demente conocido como “Night Slasher”, que mutila a sus víctimas con un cuchillo digno de Jason. A su vez, un “topo” en el cuerpo de policía (la agente Stalk) delatará los planes de Cobra.

El climax de la película muestra a Cobra enfrentando a un ejército de fanáticos. Para ello, recurre a todo un arsenal: ametralladoras, pistolas, y hasta granadas.
El enfrentamiento final con “Night Slasher” sucede en una fábrica de fundición (un pseudo infierno). Luego de una pelea feroz, Cobra cuelga al criminal de un gancho (cual res de carnicería) que lo llevará hacia el horno hirviente.
El final cumple todos los clichés: Cobra gana, se queda con la chica, suben a su moto y se pierden en la ruta.

¿Por qué es mala? Si bien fue un éxito de taquilla (costó 25 millones de dólares y recaudó 160), el guion es previsible y poco ambicioso. Se parece demasiado a muchas de las películas muscleploitation de aquellos días. Basta recordar -por citar sólo algunas- Commando (1985) y Over the Top (1987), filmadas -y actuadas- en piloto automático.

¿Por qué amarla?. Tiene un gran soundtrack (prueben escuchar Feel The Heat o Angel of the City a todo volumen), un villano memorable (Brian Thompson) que por momentos es un doppelgänger de Ivan Drago, y claro está, por Cobra: un Harry el sucio con sobretodo y lentes de sol, que lleva un fósforo en la boca y corta pizzas con tijera. Y que además, escupe frases de nula corrección política: “Aquí es donde termina la ley y empiezo yo” o “Nosotros encerramos a los psicópatas, los jueces los sueltan”.

En el 72º Festival de Cannes, Stallone contó que una de sus hijas (en torno a sus películas) le preguntó: “¿Cómo hiciste esta mierda?”. Su respuesta fue contundente: “Calla, que esa te pagó el colegio”. Una frase que resume la vida de Stallone. Y que bien pudo patentar Cobra.

 

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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