11.03.18
Internacionales _ Series

Crítica: La Mantis (Netflix), por Alberto Tricarico

(Francia, 2017)

Creada por: Alice Chegaray-Breugnot, Grégoire Demaison y Nicolas Jean. Elenco: Carole Bouquet y Fred Testot.

Muy incorrecto

La Mantis es una serie policial francesa de sólo seis capítulos en una sola temporada. Jeanne (Carole Bouquet) está presa por unos crímenes que cometió hace veinticinco años. Su hijo Damien (Fred Testot) es policía y le toca investigar – a pedido de su madre – a un imitador que está realizando los mismos crímenes con exacta metodología y copiando fotográficamente las escenas de aquel tiempo. El hijo hace años que no ve a la madre, la detesta y ha formado una pareja con Lucie a quien no ha contado la verdad de lo sucedido. La madre se ha cambiado el nombre luego de ser condenada para no manchar el nombre de su hijo. Pasaron veinticinco años. El padre de Jeanne, abuelo de Damien también mantiene el secreto. Supuestamente (la versión para el afuera) Jeanne se murió en un accidente aéreo en África y está enterrada en un pueblo en las afueras de París.

Damien acepta hacerse cargo del caso siempre y cuando nadie sepa (ni su equipo de trabajo) que “La Mantis” – así se la llamó mediáticamente a la asesina – es su madre. Utiliza a ésta como ayuda para anticiparse al posible asesino. En medio de pistas falsas, inocentes culpados y muchas confesiones y confusiones, Damien se entera que de que su padre no se ha ido (como le habían dicho de chico) sino que también fue asesinado por su madre. Su primer crimen (por el cual no pagó). El crimen originario.

Esto es recién el punto de partida de una serie muy particular. En la misma se entrecruzan de manera compleja varios caminos narrativos anteriores: La novelas de Simenon, sobre todo aquellas protagonizadas por el comisario Maigret, los mejores films de Jean Pierre Melville, el film Hace Mucho Tiempo que te Quiero (Philippe Claudel, 2008), y el mundo de los films de Oliver Marchal, fundamentalmente El Muelle (36 Quai des Orfèvres, 2004). Un policial sucio, complejo, incorrecto y sobre todo plagado de secretos que sólo salen a la luz de a poco y para el espectador. Una mirada oscura de la Francia actual que se refleja en cada decisión de la puesta en escena del film. Los pozos ciegos, las perversas cámaras de seguridad, los teléfonos celulares transmitiendo la muerte en vivo, los ocultamientos y las pesadillas.

Más allá de algunos baches y simplificaciones en la primera historia, La Mantis cuenta con una puesta en escena bastante ordenada y diseñada alrededor de algunas ideas que dan cuenta de un operar simbólico más que satisfactorio.

Hay una construcción simétrica a lo largo de esta serie pesimista que se despliega desde la primera imagen del primer capítulo – dos mantis copulando encima de un pozo viejo sellado con cemento – hasta el final del último capítulo cuando Jeanne regresa a su pozo. Podríamos decir que de un modo u otro todos vuelven – irremediablemente – al propio pozo de donde salieron. Recordemos que la mantis luego de aparearse, la hembra mata al macho.

El relato atraviesa por una serie de elementos que se repiten y sirven para estructurar de manera significativa lo que se cuenta apoyándose siempre en la duplicidad, lo doble: la imitación de los asesinatos, la alianza matrimonial de Damien, los pozos de agua, los dos medios hermanos, el cementerio, la historia del león y la medallita, la recurrencia de lo que les ha pasado a los diez años – a Jeanne, a Damien y a Camille (ahora vuelta Virginia) –, los sueños, las familias sustitutas, y el lugar del padre – falso o verdadero.

En la oscuridad reinante, Jeanne también tiene sus deseos y objetivos ocultos: se propone al comienzo colaborar para descubrir al asesino imitador, pero en el fondo quiere acercarse a su hijo, primero, y finalmente sacar a la luz toda una terrible historia familiar, y que cada cosa quede en su lugar para luego volver a su encierro. La transformación se da en Damien, quien se mueve a ciegas y arribar a la cura final. Pasamos de la ira, el odio y la negación a la aceptación final, donde no todo es color de rosas pero al menos se ve un horizonte para seguir.

Jeanne realiza tres pasos sutiles pero claros que le dan una atmósfera católica a la diégesis: la confesión inicial hace veinticinco años (y la confesión actual del asesinato al padre abusador), realiza un permanente bien en secreto durante todo ese tiempo y aun durante el presente de la serie, y finalmente, luego del abrazo final con su hijo, mira discretamente al cielo como agradeciendo por sus rezos.

Los mejores films de Melville quedan lejos, pero La Mantis es un buen acceso para volver a los mejores policiales franceses.

© Alberto Tricárico, 2018 

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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