19.05.20
Internacionales _ Series

Crítica: Poco ortodoxa (Unorthodox) (Netflix), por Verónica Stewart

Cuando Esty Shapiro (Shira Haas) agarra algo de dinero y sale por la puerta principal de su edificio, haciendo caso omiso a las palabras amables de sus vecinas, está claro que se trata de un escape. Las próximas escenas de la serie la encuentran en Berlín con una dirección en mano. Es la de la casa de su madre, quien también escapó del mismo encierro que padecía Esty. Ambas mujeres formaban parte de la comunidad judía ortodoxa de Satmar, y solo se puede elegir una vida distinta a la que dicha secta propone escapando.

Cuando Esty Shapiro agarra algo de dinero y sale por la puerta principal de su edificio, escapar parece fácil. Con el correr de la serie descubriremos que tenía los contactos y la documentación necesaria para llevar a cabo tal tarea, pero también descubriremos que no es la falta de ninguna de estas cosas la que impide que muchas mujeres escapen. Quizás lo más interesante de la serie, aunque no sea lo más explorado, sea el retrato de aquellos que deciden quedarse.

Pero la historia que cuenta Poco ortodoxa, la serie publicada en Netflix a mediados de marzo, es la historia de una mujer que busca liberarse de la cárcel que significa, para muchas, ser judía ortodoxa y mujer. La serie está basada en las memorias publicadas en 2012 de Deborah Feldman, quien también decidió abandonar el barrio jasídico de Williamsburg para siempre. La nueva vida de Esty en Berlín, sin embargo, esa creación es obra ficticia de los guionistas y directora, Maria Schrader. 

Es cierto que la serie cuenta con escenas conmovedoras que siguen el crecimiento de Esty, su asombro al descubrir cómo giran los engranajes de un mundo al que jamás le permitieron acceder. La escena del primer capítulo en la que se mete al lago en Berlín y nada, vestida pero sin su peluca, con su cabeza totalmente rapada, es preciosa. Las nuevas amistades que entabla con gente de todo el mundo son, posiblemente, las primeras relaciones con gente no judía que tuvo en su vida, y pronto se tornan en vínculos necesarios para su supervivencia en este mundo nuevo.

Sin embargo, y a pesar de que Poco ortodoxa funciona sin lugar a dudas como un relato de emancipación y libertad, mentiría si dijera que fue eso lo que más me atrajo de la serie. Por más emocionante que sea descubrir el mundo que ya conocemos a través de los ojos de Esty, lo más interesante que nos brinda la serie es la visión del mundo que ella elige dejar atrás. La narrativa se encarga de demonizar bastante a ese universo, con escenas de sexo y de mikvot – baños de purificación tras cada ciclo menstrual – que tienen mucho más que ver con el ritual que con el erotismo; en ocasiones, hasta podríamos catalogar varios de dichos encuentros como violaciones.

Pero Schrader no parece querer demonizar a los judíos ortodoxos, sino más bien a la ortodoxia en sí. Cuando Yanky (Amit Rahav), el marido de Esty, y su primo Moishe (Jeff Wilbusch) descubren el paradero de Effy, la persiguen determinados a devolverla donde pertenece. Pero lo curioso es que a su manera retorcida e incluso tortuosa Yanky parece querer a Esty, o por lo menos tener bien presente cuales son sus deberes como marido, y cómo es la vida que deben llevar a cabo. La existencia en Williamsburg está regida, al fin y al cabo, por el deber y por el rito. Es por eso que la madre de Esty jamás fue perdonada por huir, y es por eso que Esty misma debe cortar con todo lazo con la comunidad para poder llevar a cabo una vida distinta. Pero Poco Ortodoxa no parece querer decirnos que estos personajes sean malos, sino más bien que no están para nada equipados para lidiar con todo aquello que yazca más allá de los límites de su barrio. Cabe preguntarse, entonces, cuánto poder de elección tiene alguien que nace en una comunidad que no hace más que negarles, constantemente, la posibilidad de elegir por fuera de lo preestablecido. ¿No son ellos, también, víctimas del mismo sistema que Esty padece a la distancia? ¿No se explica que una generación entera que sobrevivió a los horrores de la shoa (el holocausto) quiera evitar ese mundo que tan hostil supo ser con ella?

Poco Ortodoxa no nos ofrece respuestas, pero sí plantea estos interrogantes. Cual jasídico, todo lo que al ritual se refiere está respetado a rajatabla, y nada está explicado artificialmente; nos alcanza con observarlos para entenderlos o, por lo pronto, para conocerlos. Además, la serie está casi enteramente en yiddish, lo cual nos permite estar más inmersos en su universo. La actuación de Haas es excepcional, y nos invita a acompañarla en cada paso de su camino y cada recuerdo de su pasado. En última instancia, el foco de la serie puede estar puesto en la emancipación de una mujer, pero resulta ser mucho más interesante como un estudio de todo aquello de lo que decide emanciparse.

 

 

© Verónica Stewart, 2020 | @verostewart

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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