18.12.20
Internacionales _ Series

Crítica: The Mandalorian (2da. temporada) (Disney+), por Lucas Manuel Rodríguez

QUE LA FUERZA TE ACOMPAÑE

Es un gesto muy común el de titular una nota con la frase más repetida de esta saga creada por George Lucas, pero tenemos un propósito firme y lo desarrollaremos antes de terminarla.

Ya para diciembre de 2015 la empresa del ratón tenía confirmados los estrenos de seis largometrajes sobre eventos que tendrían lugar en esa galaxia muy, muy lejana de la que todos hablan. No se había establecido la ambientación específica de la sexta película, aunque la mayor sospecha del fandom siempre fue que involucraría al estilo de vida de los cazarrecompensas, tal como nos fue presentado en El Imperio contraataca.

Estrenada Logan, con su respectivo impacto en las críticas y las taquillas mundiales, las charlas que tuvo James Mangold a puertas cerradas con las mentes representantes de Lucasfilm alimentaron a las especulaciones más frecuentes y no faltó quien diera por sentado que el motivo de ellas fueran los primeros pasos para la película de Boba Fett, personaje devorado por el Sarlacc de El regreso del Jedi y resucitado por el universo expandido que Disney optó por “descanonizar” de la franquicia.

Nadie imaginó que, eventualmente, Steven Spielberg haría un paso al costado con la quinta aventura de Indiana Jones y menos que Mangold heredara la dirección de dicho film que promete ser la gran despedida de Harrison Ford para y con uno de los papeles más icónicos de su carrera. Por otro lado, la película de los cazarrecompensas nunca fue tal, pero sí se convirtió en el disparador para dar a luz a la primera serie en live action de Star Wars. 

Cuando The Mandalorian estrenó su primer episodio, la llegada del así llamado Baby Yoda acaparó la atención de todos los públicos posibles y Disney obtuvo así su nueva versión de Baby Groot a largo plazo, ya que el personaje –y su ineludible merchandising- no le duraría por solo una entrega como pasó con el segundo volumen de Guardianes de la galaxia. Por su parte, el protagonista principal, Mando, encarnado Pedro Pascal, está lejos de formar parte del árbol genealógico de Boba Fett, pero la aparición de este personaje en esta serie fue siempre una inminencia: era solo cuestión de saber cuándo pasaría y el propio marketing oficial de las redes sociales no titubeó en confirmarlo con el poster del sexto episodio de esta segunda temporada.

Este año dos del mandaloriano es inherentemente un producto de La guerra de las galaxias. A todos los personajes que sobrevivieron el año pasado los acompañarán personajes nuevos, mayormente ya presentados en películas y/o series animadas previas. Es decir, secundarios que entran y salen según las necesidades del protagonista, no sin dejar su cuota de promesa para un regreso en alguna de las otras diez series anunciadas en las últimas semanas. Cuenta con esta lógica de los videojuegos, bastardeada siempre por Roger Ebert, pero defendida en posteriores declaraciones por figuras emblemáticas del cine como John Carpenter.

Agraciadamente podemos confirmar que el todo de The Mandalorian temporada dos no se reduce a esto. Cada –torpemente llamado- guiño y referencia de la saga o del audiovisual en general está exclusivamente al servicio de la simétrica interna de cada episodio y no al revés. Algo que ayuda a dar el siguiente paso a reutilizaciones simbólicas, sin estancarse con el reduccionismo de “pinceladas de Western y Kurosawa” del que todos hemos sido víctimas en algún momento. Podemos encontrar simetrías ampliamente reconocibles, como cuando Bryce Dallas Howard cita a Alien – El octavo pasajero con el Baby Yoda tomando una sopa; u otras de gusto más refinado, como esa explosión dirigida por Robert Rodríguez que a una minoría nos recordó a la despedida del Corvette disfrazado de Ferrari que manejó Don Johnson en la primera mitad de Miami Vice. Son señas que apuntan a un público específico, sin duda, pero también acompañan a la puesta en escena de los episodios y no expulsan de la simple comprensión de eventos sucedidos a quienes no las advirtieron.

El punto de partida, la continuidad y la finalidad de esta temporada oscilan con una misma constante. Mando, quien en reiteradas ocasiones se opondría a su credo, se sumerge en la odisea de acercar a su pequeño amigo verde con sus iguales tradicionales, antes que raciales. Ya desde el primer episodio hay una clara oposición de la tradición por encima de la raza, siendo la primera vez en el audiovisual de esta franquicia que los protagonistas se ven en la necesidad de aliarse con la supuesta salvajada de los siempre bárbaros Moradores de las arenas para derrocar a un enemigo común.

Cosa que también ocurre con la repetición de acciones tomadas de películas que, se supone, todo fan odia. Por citar alguno: el salto al vacío del cuarto episodio, muy similar a las caídas y recaídas en las cataratas de Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal; asumir, en el mismo episodio, que las midiclorias de La amenaza fantasma existen; o, quizás la más innovadora de todas, crear una convergencia entre los peones de batalla de la trilogía original y los de la trilogía de precuelas con los Stormtroopers-droides comandados por Moff Gideon (Giancarlo Esposito). Esto, insistimos, más que una mera referencia, es la apropiación de elementos de películas bastardeadas reconvertidos como terceras posiciones que combatirán contra una otredad inevitable.

No ahondaremos en giros específicos de la trama, pese a que nunca sean la síntesis de la esencia de una obra. Sí destacaremos, y para hacerle honor al título de nuestro presente texto, que el empleo del saludo Jedi por excelencia está aplicado a la manera del hacer “una oferta que no pueda rechazar” como la trilogía de El Padrino. Siempre que se menciona es diferente y con una meta progresiva. En esta temporada se menciona tres veces, por lo que no nos privaremos de recurrir a la tríada retórica del principio de simetría desarrollado en El concepto del cine.

Como índice ocurre en el segundo episodio. Mando les desea a dos pilotos rebeldes que la Fuerza los acompañe, lo cual evidencia que esta expresión sagrada carece de significado para los tres. En el quinto episodio lo dice alguien que sí lo comprende, pero, como expresión de ícono, la aplicación de su sabiduría no puede ser de gran ayuda. La tercera mención es, por definición, la simbólica, la unión de dos mitades separadas, como hemos señalado en otros análisis publicados en este sitio. No diremos más, prometimos nuestra falta de especificidad, al menos por hoy… Bueno, nos daremos el gusto de comparar esa puerta cerrada en el corte a créditos del final con las puertas cerradas a las esposas de la familia Corleone. Ahora sí, concluimos.

Es una garantía que los últimos minutos de la temporada dejará a buena parte de conocedores, fans y simpatizantes de Star Wars con la impresión de que lo brindado este año será difícil de superar y hasta fácil de pervertir, con tanta cantidad de promesas para los próximos años. Entusiasmo y temor al mismo tiempo y con poca cabida a los consensos autoimpuestos por vaya a saberse quién.

The Mandalorian temporada dos es un viaje que empieza y termina, mientras que cada uno de sus episodios reniega ante la posibilidad de ser desechados con el devenir del siguiente. Luego de disfrutarlo a nosotros nos toca, si así gustamos, revisitar, descartar el gesto de “entendí la referencia” (al estilo del Capitán América en la primera Avengers), comprender cómo conviven los referentes empleados y hasta aprender algo de ellos a la hora realizar nuestras propias obras.

 

 

© Lucas Manuel Rodriguez, 2020 | @LucasManuel94

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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