25.06.17
Entrevistas _ Teatro

Entrevista a Fernando Ferrer, director de La Fiesta del Viejo

Fernando Ferrer, director y dramaturgo, oriundo de Venado Tuerto, invita todos los domingos al mediodía a celebrar juntos La Fiesta del Viejo, una obra de teatro que se convierte en una experiencia maravillosa. Inspirada en El Rey Lear, de William Shakespeare, todo aquel que ame al teatro no debe perderse por nada del mundo la fiesta que sucede cada domingo en el Espacio Callejón. Charlamos Fernando y esto nos contaba.

¿Por qué Shakespeare? ¿Por qué el Rey Lear? ¿Qué te llevo a realizar esta versión un clásico tan importante?

El año pasado había trabajado con Hamlet, hicimos La Payanca, en el Konex y después en el Espacio Callejón, con Sofía Gala, Estela Garelli, Alejandro Parker y Santiago Pedrero, y la verdad no sé si hay un por qué de la elección del Rey Lear. Creo que después de Hamlet me quedó Shakespeare en la cabeza, pero más que nada tenía ganas de trabajar con los chicos del Teatro Polonia, que son los productores de la obra y varios de ellos actúan también. No sé la idea de un grupo grande de actores, la verdad no sé el por qué, pero apareció. Creo que no es muy racional si se que quedó algo de Shakespeare en mí. Creo que mucho tiene que ver que Javier Daulte nos hacía leer de vez en cuando, en el grupo de dramaturgia los clásicos y analizarlos. Creo que es fundamental ese tipo de lectura y el análisis de esas obras.

Después empecé a entender algunos por qué más personales, que tienen que ver con la memoria, con los recuerdos, con lo que ya no es y no volverá a ser nunca, con la melancolía, con la herencia. Temas que a mí me tocan siempre y que suelen estar en las obras que hago.

El tema de la vejez, de volver a trabajar en mis pagos, es como volver a conectar con cosas muy personales.

¿Cómo fue el proceso de adaptación del texto original a esta nueva versión?

Primero trato de leer todo lo que hay, lo primero que leí es la historia original escrita por Godofredo, y también trabajé mucho sobre Ran (1985), la película de Kurosawa, que es otra lectura sobre El Rey Lear.

Entonces trato de sumergirme en ese mundo. Obviamente la versión de Shakespeare la leí mil veces, y así empiezo a escribir. Una vez que tengo diez páginas empiezo a ensayar, sin saber bien para dónde va, pero por suerte los actores me acompañaron. Suelo trabajar bastante rápido y este proceso fue bastante rápido también: en septiembre empecé a escribir, y cuando ya tenías las diez páginas empezamos ese mismo mes con los ensayos. Yo no improviso, suelo darle a los actores las páginas para que las aprendan y cuando vamos a ensayar ya tengo las cinco páginas siguientes listas. Y así cada semana hasta que se completa, en diciembre hicimos un working progress, ya con algunos amigos y público para ir ajustando algunas cosas. Vino también Javier Daulte, que es un querido amigo y maestro, y amigos como Paula Marull, con quien nos gusta trabajar mucho de esa manera, compartiéndonos las cosas. Y ya en enero, sin aún tener el final definido comenzamos a ensayar, a full todos los días hasta el 2 de febrero, que estrenamos.

Uno de los tantos análisis que se realizó sobre Rey Lear es que tiene muchas similitudes con el personaje de Job en La Biblia, sobre todo en exponer la condición humana, lo mejor y lo peor de cada individuo, ¿hay algo de esto en tu versión?

No se si tan pensando a priori el tema de la condición humana, pero creo que sí, está presente. Creo que cualquiera de nosotros se siente un poco rey a veces. El hecho de estar vivos, de hacer cosas, y el tema de la decrepitud es lo que nos recuerda un poco nuestra condición, sentirnos invencibles y que después te empiecen a doler las rodillas, y te pasa todo a la vez.

Creo que toca la parte más trágica de la condición humana que es esta de sentirnos inmortales de alguna manera, pero dentro de una carcaza que se va deteriorando, y no solo desde el punto de vista personal sino también social, del tipo que era un proveedor que tenía su reinado -su club, en este caso-, sus hijas, y de repente va siendo cada vez más un niño que tiene que ser ayudado y controlado.

Esto que mencionas del club de barrio, ¿puede hacerse también una lectura de un contexto de un club de fútbol, más en un país tan futbolero como el nuestro?

Sí, en realidad es más un club de barrio, pero muchos lo leyeron como un club de fútbol, y está bien, y es. Me gustaba la idea, lo mismo en La Payanca, que sea hoy. ¿Dónde puede ocurrir esta historia hoy? ¿Quién es hoy un rey, un príncipe al que le mataron el padre y el tío tomó el reinado, en el caso de Hamlet? Me gusta pensarlo hoy. Los textos de Shakespeare tienen una vigencia tremenda. De hecho, se pueden hacer exactamente así como están escritos y están geniales.

Me gusta esto de apropiarlos, de encarnarlos y de territorializarlos en nuestro medio, en nuestras cuestiones del hoy, pero de un modo bastante más violento, no una adaptación donde aparezca el rey con la espada, sino quien puede ser hoy ese rey. A mí me salió que era un club de barrio, pero es válido también pensarlo como una rivalidad entre clubes de fútbol. De hecho, podría también haber sido otra cosa: un político, un chacarero con plata que quiere dividir la herencia entre sus hijas.

Me gustaba la idea de un club también porque estábamos trabajando en el Polonia, el teatro, para hacerlo ahí. De hecho, se sitúa en El Club Polonia porque lo empezamos a trabajar ahí. No por otra cosa. Y me gustó algo que tiene el Polonia, que no solo vas y ves teatro, sino que tiene un barcito, vas y la pasas bien; hay algo más. Me gustaba la idea del ritual, de estar juntos, y yo soy mucho de escribir en un bar que se llama San Bernardo, y creo que ahí surgió esto de situarlo en un club más social.

¿Por qué Almagro, Villa Crespo?

Porque es la zona que nos movemos nosotros y porque el Espacio Callejón está ahí, solo por eso. Son bastante simples algunas decisiones que tomo.

Tomando lo de Polonia, la decisión de ubicar la infancia del viejo en el marco del nazismo, con los recuerdos de la guerra, de los trenes que se llevaban a la gente, ¿cómo se incorpora esto?

Desde ya, Polonia se me asociaba con algunas cosas. En realidad, yo no tengo una conexión directa, pero pensaba mucho en mi abuelo, que es valenciano. Nada que ver, pero era un poco lo mismo. Fui pensando en un tipo que estuvo en la guerra, fui leyendo y conectándome con ese mundo, y leí mucho sobre el anarquismo. De hecho, la canción que ellos cantan y bailan es la marcha anarquista. Esas cuatro o cinco semanas que me lleva la escritura trato de escuchar todo el tiempo ese tipo de música, para meterme de lleno en ese mundo.

Y después el viejo, como está mal de la cabeza, mezcla muchas cosas, de repente Buenos Aires es Varsovia, y de repente es Berlín, y así mezcla todo. Y eso me de una libertad dramatúrgica, porque también mezcla momentos históricos. De hecho, la caída del muro fue mucho más tarde que la guerra, pero él está ahí, va de 1945 a 1960 con un pensamiento.

¿Cómo fue la elección de Abian Vainstein para el personaje del viejo, lo conocías de antes? ¿Y el resto del elenco?

Abian es “un avión a chorro“, es de lo mejor que yo he visto. No lo conocía. Yo suelo armar mucho los elencos un poco como de casualidad, como que se va dando, como surgió la idea de hacer algo con este texto con los chicos de Polonia. Nos fuimos juntando, y claro, necesitábamos un viejo, al rey, y me lo recomendaron directo ellos. Vino, tomamos un café y me encantó.

Y con el resto, es un poco banal la decisión. Yo tenía ganas de juntarme con amigos y pasarla bien, ir a comer, a tomar y tratar de hacer buen teatro. Y a jugar al ping pong, es lo primero que surgió de esta propuesta distinta: ir los domingos a jugar al ping pong, y estar entre amigos. Y así surge la propuesta de hacer teatro un domingo a las doce del mediodía. El espíritu era juntarnos. Habíamos quedado medio devastados por algunas cuestiones del país y necesitábamos eso, pasarla bien. Una celebración de nuestros dolores y alegrías.

Hay un tema recurrente en tus obras que son los lazos familiares…

Si, me interesa mucho, Es un tema que nos toca a todos. Ceo que la familia es un lugar tremendo, a veces puede ser un infierno, donde la gente se puede estar dando besos, y al rato se pueden estar cagando a trompadas. Una cena familiar puede ser un quilombo, y si en el medio está la política, el vino y lo emocional, listo, tenés una película de Fellini.

En una familia todos están sentados arriba de un barril de pólvora. Aunque no se toquen los temas, se sabe, se siente en el aire, todos saben que basta lo mínimo para que algo pueda explotar.

Veo en esos temas un material muy poético, esos lazos son algo muy inquietante. Es como un reservorio poético: cuando hay amor y pasión tenés todo para trabajar.

¿Te esperabas el éxito que está teniendo la obra?

Para nada, uno trabaja para que sí, pero nunca sabés. Lo que sí me pasó viendo los ensayos algo que no me había pasado antes, que es que me emocionaba mucho con los ensayos. Me conmovía mucho, me reía y lloraba de manera muy honesta.

Y ahí dije: “Acá hay algo”, porque si te toca el corazón está bueno. Insisto, capaz después no va nadie, pero yo sentí que teníamos algo, que habíamos cazado algo importante.

¿Con qué se va a encontrar el público en La Fiesta del viejo?

Es muy dura, pero tiene mucho humor, y es muy tierna. Tiene una ternura de un encuentro, de una celebración junto con los otros. Y es una experiencia distinta, venir al mediodía, que te conviden con una copa de vino, un knishe de papa, un pedazo de torta, no es menor, porque son detalles que hacen a la celebración.

Y me parece que te puede conmover un montón la necesidad de reflexionar con algunas cosas. Creo que ir al teatro es algo muy social, y me parece que en estos tiempos, no hablo solo de una cuestión política actual, sino de los últimos cien años, o de siempre, juntarnos a hacer algo, una actividad tan vital como el teatro, es una buena excusa. Esto, claro, vale para cualquier obra, y en esta especial, es una invitación. Tratamos de tener el precio accesible en la entrada, de invertir de hecho en esos detalles que mencionaba antes (el vino, el kinche, la torta), y eso también es una decisión política, y no es algo menor para nosotros.

Es eso, venir a pasarla bien y a ver un juego que a nosotros nos divierte y nos apasiona mucho, y nos toca mucho el corazón.

La obra también tiene su versión en Venado Tuerto. ¿Por qué esta decisión?

Tenía muchas ganas de hacer algo allá en mi ciudad. Me habían ofrecido trabajar dando clases de dramaturgia en una villa, y al aceptar, pensé también qué más podías hacer, y para mí estar en una sala de teatro es como estar en el lugar, me hace falta hacerlo, y se lo propuse a un grupo de allá y se armó también como una familia, lo mismo que acá. Ahí las funciones de son de jueves a domingo, y mantienen el ritual de la comida, de la música en vivo. Eso me gusta mucho que esté, es un detalle importante. Todas cosas que parecen pavadas, pero que terminan siendo importantísimas, son cosas inútiles, como el arte, pero fundamentales. En esos detalles habita el cariño.

La Fiesta del Viejo se presenta todos los domingos a las 12hs en el Espacio Callejón, pueden sacarse las entradas por Alternativa Teatral.

Mary Putrueli | @mary_putrueli

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