16.03.17
Festivales _ Teatro

FAE LIMA día 2

KATRINA KUNETSOVA de Patricia Romero Figueroa.

Con sólo un pequeño elemento surrealista la obra narra con absoluto realismo las vicisitudes de una estrella del porno a la que el repentino y progresivo crecimiento de su clítoris la va alejando de ese trabajo, primero porque ya no es requerida y luego porque con su propia protuberancia puede satisfacerse a sí misma. La idea puede parecer descabellada, (y eso es precisamente lo que hace tan fantástico al arte), aunque es clara la excelente metáfora poética en un mundo tan hostil para con las mujeres.

La dramaturgia de esta obra es muy inteligente. Clara en las palabras, cuidadosa en las formas correspondientes a cada personaje, sutil para cada situación o concepto y dueña de una perfecta estructura, que permite tanto un creccendo equilibrado hasta el conflicto, como desde el conflicto hasta el desenlace final. Es claro el talento de Romero Figueroa, capaz de idear historias originales en cuanto a contenido y de manejarlas de modo tan idóneo en la forma.

La escenografía posee el mobiliario necesario para todos los actos, sin la necesidad de entradas y salidas de elementos durante la función. La puesta en escena junto con el diseño de iluminación, juegan con las profundidades y los planos, generando algo de dinamismo cinematográfico sin que lo visual tenga demasiado protagonismo. De este modo el acento queda puesto sobre el texto, el contenido de lo que se relata y las actuaciones, lo que otorga profundidad a la historia.

Las actuaciones son de gran calidad. Especialmente la de la protagonista Kareen Spano, quien con un tono muy suave y de forma sumamente orgánica le cuenta al público su situación, sus preocupaciones, sus miedos y necesidades. La sutileza con la que trabaja la actriz es conmovedora.

Incluso tratándose de una temática compleja socialmente, el modo en el que se encuentra tratada desde el texto, en la puesta en escena, dirección y actuación, logran contar una historia que conmueve y hasta enternece. Y que a través de su simbología nos deja una sensación gratificante de que todo es posible, en cualquier mundo, mientras nos escuchemos a nosotros mismos y sigamos adelante. Gran obra.

EL ANHELO DE JUAN de Telmo Arévalo.

Con dirección de Leonor Estrada, esta obra es la opera prima del autor. Sin embargo posee una dramaturgia profunda (entrañable, conmovedora; tratada con simplicidad pero sutileza), que se aleja de los lugares comunes a pesar de retratar por un lado un conflicto familiar, y por otro la situación de la dictadura peruana.

La historia tiene como protagonista a Juan, que recuerda los buenos tiempos pasados con un tío abuelo de quien heredó el nombre. Era su mejor amigo adulto, su gran cómplice, que le contaba cuentos de terror, le daba golosinas y le enseñó a dejar de lado sus miedos para plantarse ante los maltratadores. A quien le confesó que le gustaba más estar con su compañerito de colegio que con Rebeca, y se pregunta si eso lo habría hecho alejarse de él, porque desapareció de su vida. Juan intuye que algo malo pudo haberle pasado. Su padre no lo quería porque decía que era un borracho, que no tenía trabajo, y que hablaba de más. Pero él era un mujeriego, un abusador y un autoritario. Juan sólo quiere comprender su historia, su identidad.

La puesta en escena de esta obra ha sido citada por quien escribe en numerosas ocasiones. Transcurre en tres escenarios paralelos pero verticalmente en lugar de horizontalmente, a través de un gran andamio con tablones de madera. Esta originalidad la saca por completo del común de las obras realistas sobre la familia, cuya disposición del living (y el zoom al que puede acceder el ojo humano para los planos) es demasiado típica y predecible. Incluso cuando toda la estética es naturalista esta disposición genera otra atracción y posibilita a la obra de varios simbolismos con el arriba y el abajo, y los movimientos paralelos. Los tres niveles son el cuarto del tío Juan, la sala y la terraza de una humilde casa limeña. Afuera la campiña de Tarma y las calles de un barrio popular urbano.

A los variados personajes los realizan cuatro mujeres actrices en lo que es un magnífico trabajo de composición actoral. Pepa Duarte, Vanessa Geldres, Leny Luna y Dolores Castillo, jóvenes y grandes promesas actorales.

Una obra sobre los vínculos reales y profundos, sobre la identidad y los valores humanos. Un trabajo imperdible del talento peruano.

EL ANÁLSIS de Franco Iza.

El joven autor y director de esta pieza es hijo de un reconocido actor peruano a quien dirige en su propia obra. En dicha obra hay un padre y un hijo en conflicto, y el hijo obliga al padre a hacer terapia para poder ver a su nieto. A su vez dentro de la terapia surge un intertexto con ‘’La vida es sueño’’ de Calderon de la Barca, en donde un hijo tiene problemas con su padre. Así la ‘’terapia’’ podría ser ‘’actuar’’, el ‘’nieto’’ podría ser ‘’la obra’’ que parieron juntos y el ‘’psicólogo’’ podría ser el ‘’superyó’’ del autor intentando crecer y aprender de todo el proceso artístico. Con una dramaturgia, entonces, bastante autobiográfica, y a través del metateatro la obra habla, claro, del vínculo padre-hijo. Del amor, de la necesidad de contención, de comprensión y de un abrazo. Sin dejar de lado las cuestiones de poder en un vínculo en el que un ser humano ‘’crea’’ al otro y se corre para darle paso a la vida mientras él camina hacia la muerte.

En los personajes propiamente dichos observamos a un director teatral seco, difícil, que va a terapia obligado, que descree del psicoanálisis y entonces vuelve loco a su terapeuta. Desde este lugar se generan situaciones humorísticas atractivas. El psicólogo, a pesar de por momentos hartarse, intenta ayudar tanto como puede a su paciente, y en el proceso ambos aprenderán lecciones de vida y resolverán conflictos entendiendo que por sobre todas las cosas, lo que todos necesitamos, no es éxito sino amor.

Las actuaciones son algo rígidas, aunque quizá la dirección intentó marcar la ‘’distancia’’ existente entre los personajes pero en el caso de una obra basada enteramente en un vínculo de dos quizá era conveniente permitir todo rasgo de humanidad posible, aún los desprolijos, lo que habría proporcionado mayor profundidad a la obra. Javier Valdez, quien compone al paciente, hace sin embargo un interesante trabajo, relatando las manías de un director teatral.

Una obra sobre la tolerancia, la comprensión y la otredad. Tres valores que, para disfrute de los espectadores que tengan la suerte, a la dramaturgia peruana parecen importarle seguido.

LA VENDEDORA DE FÓSFOROS de Guillermo Castrillon

Versión libre del cuento La vendedora de fósforos de Hans Christian Andersen. La dupla del director y la actriz Jimena Lindo realizaron juntos el proceso creativo que dio como resultado este unipersonal entre la danza y el teatro físico, que busca reencontrar al/la niñx que todos llevamos dentro. “Había una vez una niña que despertó, descongeló el corazón, respiró y decidió ser feliz para siempre”.

La vendedora de fósforos era el cuento preferido de la actriz en su infancia. Narra la cruel historia de una niña que en navidad debe trabajar vendiendo fósforos para sobrevivir y muere congelada en un callejón de la ciudad, no sin antes ver todas las comodidades y manjares de los que gozan los que pertenecen a otra clase social. A pesar de la oscuridad de la historia el cuento está narrado muy poéticamente por Andersen. En ese sentido la transcripción que la dupla decidió hacer tiene una correspondencia poética visual.

La puesta en escena, la producción y todo el trabajo de la imagen es remarcable y de gran belleza. Una gran escalera de corte circense que parece ir al cielo, es la mayor de dos estructuras a través de las cuales la actriz realiza ciertas proezas y movimientos para ir relatando las diferentes situaciones y sentimientos por los que atraviesa. La otra es un círculo de luces potentes de led, círculo de luz que ella misma arma y desarma, jugando con la simbología sobre los fósforos que se relatan en el cuento original.

El texto es algo naíf, no porque su origen sea un cuento infantil sino porque permanece un poco más en la superficie de lo que son sus posibilidades, pero es destacable la poesía que si se logra traducir a través de las imágenes, y la interpretación de Jimena Lindo.

El teatro peruano. A modo de conclusión.

 

El teatro peruano parece tender a una mirada introspectiva pero muy relacionada al entorno. Esa que conjuga las acciones individuales con las colectivas, como si tuviera una perfecta noción de que el ser humano no es nadie solo, sino en relación a otro. Un otro al que hay que respetar y ayudar siempre que nos sea posible. Un teatro muy lleno de valores humanos cálidos y suaves pero firmes, en donde la solidaridad, la honestidad y la verdadera identidad son valores centrales. No hay estridencias ni humor chabacano, lo que no le impide sacar varias sonrisas. Sus puestas podrían ser coincidentes con su esencia en tanto no suelen interesarse en los brillos, al menos los brillos de plásticos. Sin embargo suele ser un teatro que no olvida lo visual desde un lugar sumamente poético. En la opinión de quien escribe y por todo lo dicho Perú tiene uno de los más hermosos teatros de Latinoamérica.

Por Natasha Ivannova

 

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