04.08.17
Críticas _ Teatro

Por todo lo que no me queres

Si quieres algo, déjalo libre.

¿Cómo  generar en el espectador un clima donde uno se sienta en el medio de una fiesta, tratando de escuchar sobre qué discute una pareja, y unos minutos después se sienta voyerista, dentro de una habitación donde una pareja se encuentra y otra misma se desencuentra, donde los miedos y las angustias emergen por sobre todas las razones que la sociedad nos da para ser felices?

El Teatro Polonia es el territorio preciso para desarrollar una obra como Por todo lo que no me querés y para responder esta incógnita. Gracias a la poca distancia entre el escenario y el espectador, a su espacio mínimo, lo que la historia propone y expone involucra al público, quien desde el inicio se siente atrapado por el clima creado y empatiza instantáneamente con alguno de sus tres personajes

Julia y Manuel son una pareja donde el silencio es más significativo que la palabra. Se preparan para una fiesta que será la gran noche de Manuel. Un evento laboral con un negocio en puerta que lo encuentra muy ansioso, muy intenso y muy despojado de nada que no tenga que ver con él mismo.

Por su parte Julia es un cúmulo de deseos por cumplir, atrapados en una mujer que algunos ven en un cuadro y otros no. A Julia todos la ven, pero pareciera que solo alguien la mira; Freddy, mejor amigo y colega de Manuel, quien oscila entre la fidelidad entorpecida para con su amigo y la emoción a flor de piel para con la mujer de él.

En el transcurso de la fiesta, el conflicto se desata y la ambición de Manuel absorbe la escena. Todo gira en torno a él y a su necesidad de triunfar, de imponerse, incluso ante las personas que ama. De esta forma aturde, como la música que suena, como el corazón de Julia; un corazón delator que pide salir a gritos, de la fiesta, de la vida de ambos, de ella misma.

 Agustina Gielis ofrece en Por todo lo que no me queres una puesta sutil, perfecta, en la cual el trabajo de iluminación y sonido se vuelven elementos esenciales para dar cuenta del clima intimista que logra generarse.

Ramiro García Zacarías (Manuel) y Diego Miccige (Freddy) componen de manera admirable a sus personajes. Uno  obsesivo e inseguro,  y el otro,  alguien que parece sentirse más cómodo en el lugar del segundo, del otro, respectivamente.

 No está de más decir que el trabajo realizado por María Canale en el papel de Julia es sublime. Canale encanta como una maga a la audiencia. Hipnotiza con sus bailes, con su sonrisa, con su carcajada sumida en el dolo. Brindando así una interpretación memorable que convierte el texto teatral en una poesía de carnadura propia.

Teatro: Espacio Polonia – Fitz Roy 1475

Funciones: Jueves 21 hs

Entradas: $ 160,00 / $ 130,00

calificacion_4

María Paula Putrueli | @mary_putrueli

Dirección: Agustina Gielis. Dramaturgia: María Victoria Taborelli. Actores: María Canale, Ramiro García Zacarías y Diego Miccige. Asistencia de dirección: Andrea Kain. Diseño de escenografía: Lucía Evangelista y Tomás González. Diseño de luces: Sebastián Francia. Música original: Violeta Castillo. Fotografía: Máximo Balestrini. Diseño gráfico: Lucía Wuhl​. Prensa: Andrea Kain.

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